Old lives matter
Esta es la historia de un anciano al que Muface salvó de la desnutrición. Todos le decían que pa’ nada servía, salvo pa’l cajón. Por él nadie apostaba, su futuro se apagaba, sólo esperaba el final. ¿Quién no quiere dinero, dime quién no quiere dinero pa’ gastarlo en sanidad?
No es la adaptación cutre de una canción de Mala Rodríguez, es la cruda realidad. La rapera canta la historia de una niña que vende droga en el sevillano barrio de La Paz, yo la de un anciano zamorano consumido y en la recta final de su vida. Tanto monta monta tanto, al menos en el caso del anciano la cosa acaba como debiera: en manos de Dios.
Gracias a la mutua de salud Muface y al seguro médico Asisa, el anciano no quedó desahuciado, sin amparo. Gracias a la mutua de salud Muface y al seguro médico Asisa que se hicieron responsables de una prolongada dolencia que no tiene cura, pero sí cuidados paliativos y montañas de amor paterno filial. Gracias a Urgencias de Recoletas y Virgen de la Concha y a la planta de Medicina Interna del Provincial. Y ante todo a la calidad y calidez humana de los profesionales sanitarios.
No sé si la historia de la niña es real. La historia del anciano lo es. Se trata del hombre que amaba los árboles, mi padre. Y aunque resulta obvio que no soy Emile Zola, también "Yo Acuso". Porque no siempre la historia del anciano o del enfermo acaba bien. Los ancianos y los enfermos no le importan a nadie. Ni a un Estado plagado de parasitarios herederos del Régimen del 78, ni al productivismo capitalista, ni a la sociedad en general. Tampoco a esa izquierdita woke,........
