Pensar a cámara lenta
Ilustración de Nana Pez. / Nana Pez
Quién me iba a decir a estas alturas de la vida que el principal peligro como ciclista urbano tiene forma de peatón. Sí, de persona de cualquier edad, tipo y condición con la cabeza y el corazón agachados en la realidad inmediata. Transeúntes que cruzan los pasos de peatones en cualquier momento, como daltónicos anónimos. Peatones que andan a ciegas por la acera o llevan el carrito del bebé -también el de la compra- sin prestar más atención que a la última ocurrencia en Tik Tok o al mensaje ingenioso de WhatsApp.
No se pueden imaginar el momento en el que sentí como propio el porrazo contra una farola que se dio un deportista mientras andaba a paso de marcha con los ojos puestos en su teléfono, ese aparato mal llamado ‘inteligente’. Casi tan triste y doloroso como contemplar a la hora del desayuno, junto a la puerta de un instituto, a esos encorvados adolescentes con el bocadillo en una mano y el móvil en la otra. Juntos, pero solos.
Estos días, además, uno siente que vivimos con el dedo pegado al botón de avanzar rápido. Los audios al 1,5x, los vídeos cortados antes del desenlace, los artículos ‘leídos’ en lo que dura un semáforo en verde de la Gran Vía. Todo va........
