La linterna y el sótano
Ilustración de Nana Pez
Hay imágenes que resumen la situación de un país mejor que cualquier barómetro del CIS. Pienso en la ilustración de esa Justicia vendada que acompaña estas letras, tecleando en una vieja máquina donde solo se lee una palabra. La espada y la balanza, arrumbadas a un lado, como si hubieran perdido filo y equilibrio. Y la máquina, pobre, sosteniendo el peso de lo que otros ya no quieren sostener. Si uno mira bien, parece casi un aviso: si la justicia falla, que al menos no falle el periodismo. Pero claro, para que no falle, primero tiene que existir.
En Murcia lo sabemos de sobra. Llevamos dos décadas de titulares que podrían llenar una enciclopedia del disparate: La Zerrichera, Novo Carthago, Umbra, Barraca, el caso Auditorio, la desaladora de Escombreras… Una colección de tramas que, si no fuera porque nos han costado mucho dinero y dignidad, serían material de comedia costumbrista. Y, aun así, cada vez que estalla un caso nuevo (véase el de las prótesis o actitudes y prácticas como las del fiel escudero del alcalde de la capital recientemente fallecido) la reacción es la misma: un encogimiento de hombros, un «esto ya lo he visto», un bostezo democrático. La corrupción, aquí, se ha convertido en ruido blanco.
Mientras........
