Algoritmo de la magnífica humanidad
Ilustración de Nana Pez
En mitad de este escenario salpicado de estupores, sumarios, registros, autos y tregua sí o tregua no, nos llega un documento que uno abre con la misma actitud con la que mira la factura de la luz: miedo, resignación y la sospecha de que algo muy grande se nos está escapando. Que ahí afuera hay un alien que asoma la cabeza. La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, entra justo ahí, en ese territorio donde la tecnología promete salvarnos mientras nos va convirtiendo en datos. Un recordatorio de que, mientras discutimos si la inteligencia artificial nos va a quitar el trabajo o solo las ganas de pensar, quizá estemos levantando una torre de Babel con fibra óptica.
En vísperas de llegar a España, con una imagen que choca con la de los machos alfa embarcados en guerras, invasiones e intrigas por doquier, resulta que el papa que vino de los Estados Unidos nos dice sin rodeos que la IA corre el riesgo de «reducir a las personas a simples engranajes de un sistema» y de delegar decisiones en máquinas «que carecen de compasión, misericordia y perdón». Ahí es nada.
La encíclica plantea una imagen potente: construir Babel o reconstruir Jerusalén.........
