Sabic: Desindustrialización y reindustrialización | Trabajadores abandonados
Los representantes municipales junto a los trabajadores de las empresas auxiliares de Sabic. / A.C
Cartagena es un polo industrial de gran relevancia a nivel nacional. Las condiciones estratégicas de los terrenos donde se ubican las industrias de la zona y su tradición arraigada en el mundo de la industria la convierten en un lugar propicio para que florezca un sector en el que Murcia nunca ha destacado de manera especial.
La reconversión industrial supuso un mazazo para los trabajadores de las industrias dependientes del Estado en los primeros años noventa del siglo pasado, con episodios tristemente significativos como la quema de la Asamblea Regional. Saneado el sector y troceadas las empresas más punteras, el peligro que se cierne ahora sobre los trabajadores del sector secundario de Cartagena es la deslocalización, un fenómeno inevitable en virtud del cual los empresarios llevan la producción a los países que ofrecen condiciones más rentables.
Es lo que está pasando con Sabic, una petroquímica de capital saudí en origen, vendida a un holding alemán especializado en el reflotamiento de empresas en crisis a través de una gestión agresiva que incluye su traslado a lugares más propicios, generalmente ubicados en el tercer mundo.
Tras el traslado de algunas líneas de producción, todo parece indicar que estamos ante el cierre definitivo de la sede que la empresa tiene en La Aljorra, lo que supondrá la pérdida de los más de 500 empleos que tiene la fábrica, sin contar el impacto que, también en términos laborales, tendrá este cierre en las empresas auxiliares que actúan como proveedoras de la compañía. Aunque el sistema de previsión social del desempleo cubre temporalmente esas situaciones, es evidente que estamos ante un drama que se encarnará con mayor crudeza en aquellos trabajadores de mayor edad.
Ha habido manifestaciones de los trabajadores, presiones del comité de empresa y declaraciones de apoyo en las instituciones de Cartagena para evitar un cierre que parece inevitable. En términos políticos, el acto de mayor trascendencia tuvo lugar esta pasada semana en la comisión correspondiente del Congreso de los Diputados, donde se sometió a votación una moción de apoyo a los trabajadores de Sabic presentada por el Partido Popular que, finalmente, salió adelante con el voto a favor de los grupos a excepción de PSOE y Bildu, que se abstuvieron.
La decisión del grupo parlamentario del PSOE pone en un brete a su franquicia murciana, que se había pronunciado en las instituciones locales y regionales en sentido contrario. La compañía de Bildu, no por habitual, aporta un detalle de obscenidad añadida a una decisión política que permitirá a los trabajadores de Sabic saber quiénes les apoyan y quiénes no.
Una moción en una comisión del Congreso no tiene efectos prácticos. Es, simplemente, una indicación del legislativo al Gobierno, que podrá obedecer o no en función del criterio del ministerio interpelado. Sin embargo, el abandono de los socialistas a sus compañeros murcianos es algo que sus rivales políticos van a explotar en la próxima campaña electoral, cada vez más cercana.
Pero nada de eso importa realmente a los empleados que se van a quedar sin trabajo. El problema radica en que cuando una empresa no es competitiva, sus dueños tratan de hacerla rentable en otras localizaciones. Una buena forma de mantener las inversiones en España sería aliviar la carga fiscal de las industrias de carácter estratégico, para compensar de esa manera la competencia de salarios bajos del tercer mundo. Pero aquí la receta es la contraria: freír a impuestos al productor y dar subsidios al obrero, que pasará a depender del poder político para poder seguir viviendo.
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