La dignidad del fracaso
«Fracasar no es todo eso que nos dijeron en los discursos y en la publicidad y en la escuela, no es esa torpeza o ese error que merecemos por haber hecho algo mal o habernos
equivocado en el dictado, sino más bien una modalidad innata de la existencia»
Dicen que el éxito no enseña nada, que en realidad solo conduce a repetirte y siempre se deshace como tiza en los dedos o la vaselina de los labios. Pero el fracaso es otra cosa. El fracaso es mucho más elevado y complejo. El fracaso es una habitación sin palmeros. Es un páramo frío que uno lleva por dentro. Una especie de catedral helada. Una casa llena de gente que no recuerda tu nombre. Es un vaso de agua que permanece intacto en un atril al que no sube nadie. Es la calle de siempre. Es una silla apartada como si alguien fuera a volver y no vuelve, no vuelve, nunca vuelve. Es el reloj parado en una hora que jamás fue importante, aunque todas las horas sean siempre importantes. Un pasillo muy largo donde cada puerta conduce a la misma salita de estar. Un libro leído y subrayado por alguien que ya no eres tú. Es un eco que no encuentra su origen. Es una zarza ardiendo. Es una calentura y un virus sin por qué. Pero hay una dignidad en el fracaso que no la da ninguna otra experiencia de la vida. ¡Ninguna!
Fracasar no solo es caer
Fracasar no solo es caer, ni es todo eso que nos dijeron en los discursos y en la publicidad y en la escuela, no es esa torpeza o ese error que merecemos por haber hecho algo mal o habernos equivocado en el dictado, sino más bien una modalidad innata de la existencia, un acervo de algo inexorable, un........
