‘Escicha’
'Escicha'
La ‘escicha’ no es un lamento, es un estado del mundo y de los seres que Luisa Mañéz ha sabido convertir en un territorio literario. Es una palabra antigua, seca, honda, insumisa, que yo le oí la primera vez a mi suegro, «¡Qué escicha!», me dijo mirando la cebada verde que había destrozado una nube de piedra. Y esa frase me pareció rotunda, mucho más poderosa que decir, pongamos por caso, ‘execrable’. Me pareció una de esas expresiones rurales que tanto me gustan, llenas de aspereza y potencia semántica. Escicha no nombra solo la desdicha, sino la manera significativa con que la desgracia se manifiesta sobre la realidad y sobre la sordidez de los cuerpos, y también esa pobreza ecuménica que, como el barro, no se ve bien desde lejos, pero pesa en las vidas y en el contexto de cierta gente. Escicha, por ejemplo, son las ruinas de Gaza, los pueblos sin nadie de la España vacía, los piojos en el........
