Tardes de mayo
Martes de mayo / Aparicio
Decíamos ayer -vano remedo de Fray Luis de León- que mayo huele a iglesia, a cera y a azucenas, con profundos efluvios marianos. Sacramento de la penitencia en la capilla colegial los viernes por la tarde, con sacerdotes aquejados de halitosis o de sordera, y mes de las flores con ofrendas a María.
Mayo también olía a pólvora en aquellos años del bachillerato elemental. Las aulas se contagiaban del orgullo patrio y de las soflamas de Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, y de frailes excautivos de la horda roja, que en sus arengas docentes agitaban los brazos haciendo tronar el cañón contra el gabacho invasor.
Sí, señores, sí: yo estuve allí, en el Parque de Monteleón, arrimando munición al armón que arrastraban Pedro Velarde, Luis Daoíz y el teniente de infantería Ruiz, mientras jaleaban al pueblo de Madrid, que se defendía de la carga de mamelucos y dragones con la faca, el tiesto desde la ventana o........
