Pensar antes de ‘publicar’
Vivimos en la era de la opinión permanente. Opinamos sobre todo, todo el tiempo, en cualquier formato y sin apenas pausa. Opinamos en redes sociales, en grupos de mensajería instantánea, en tertulias improvisadas y en comentarios que nadie pidió. La opinión se ha democratizado, sí. Pero también se ha banalizado.
Conviene recordar que, sin duda, opinar está bien. Es necesario. Es sano. Una sociedad plural se construye, en buena medida, sobre la posibilidad de que todos tengamos voz. El problema no es la abundancia de opiniones, sino la ligereza con la que muchas de ellas se emiten. Porque no todas las opiniones son iguales, aunque todos tengamos derecho a opinar.
Lo digo desde el absoluto respeto y consideración a la tan necesaria libertad de expresión. Soy mujer, madre, trabajadora, periodista… y también, de algún modo, creadora de contenido. Trabajo en redes sociales, convivo con ellas, las entiendo y, como muchos profesionales, dependo en cierta medida de su lógica. Una lógica que premia la rapidez sobre la profundidad, la reacción sobre la........
