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La tranquilidad también es un lugar

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30.05.2026

Escribo mucho sobre ciudades que me han cautivado. Lugares a los que volvería una y mil veces y en los que, durante unos meses o quizá unos años, no me importaría vivir. Hay ciudades que parecen hechas para quedarse un tiempo, para saborearlas despacio, para integrarse en sus ritmos y convertirlas en hogar transitorio. Pero si soy sincera, cuando pienso en dónde quiero construir una vida, la respuesta no está en una gran avenida ni en una línea de metro abarrotada. Me gusta la vida en el pueblo.

Existen ciudades que rompen los prejuicios. Burdeos, por ejemplo, es una de esas urbes monumentales en las que sí podría imaginar una etapa de mi vida. Tiene belleza, historia y elegancia, pero también algo cada vez más difícil de encontrar: un ritmo humano. Grandes pulmones verdes entre edificios señoriales, espacios donde la ciudad parece respirar, una forma de vivir más amable, más paseable, menos agresiva. Lo mismo me ocurre cuando pienso en algunas ciudades nórdicas o........

© La Opinión de Murcia