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¿Sabremos por fin quién contamina el Segura?

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02.03.2026

El Segura, cubierto de espuma blanca, el año pasado. / M.J.G.

El estado de salud del río Segura siempre ha estado envuelto en la polémica y en la controversia. Nadie ha dudado de que la situación del agua de este cauce es mejorable. Incluso había una pregunta del Trivial (corría el año 1995) en el que aparecía como el río más contaminado del país. Se hicieron hasta rimas: "El Segura es mierda pura", y sábanas colgando de edificios para denunciar los vertidos y la suciedad que arrastraba.

En la Vega Baja saben bien de la porquería que arrastraba el cauce y no solo por las sustancias nocivas y prohibidas para un río. También por el arrastre de elementos que hablan del incivismo ciudadano: carricoches de bebé, neumáticos, colchones, bicicletas de alquiler y hasta carritos de distintos supermercados que pueblan los municipios ribereños. Una pocilga a cielo abierto que hizo que durante muchas décadas Murcia capital mirara de espaldas a su cauce y lo considerara como un elemento a ocultar y olvidar.

Pasaron los momentos más críticos, se supone, y el Segura apareció mejorado con el espejismo de que estaba sanado por la acción de las administraciones. Un trampantojo que se desmonta cada vez que hay lluvias intensas y aparece la espuma blanca, tipo lavadora, que devuelve a la realidad a cuantos pensaron, ingenuamente, que el río goza de salubridad.

Los análisis hechos hasta ahora, y con poca transparencia por parte de la Confederación Hidrográfica del Segura, ya indican que el enfermo sigue postrado y con un cauce a su paso por la capital que más parece una balsa. De hecho, el Ayuntamiento de Murcia intentó hacer actividades acuáticas en sus aguas y competiciones, unas iniciativas que fueron rechazadas en anteriores mandatos populares por el estado contaminado.

Nunca el organismo de cuenca se ha caracterizado por dar explicaciones, una circunstancia impensable con la que está cayendo en todos los escenarios: vertidos, Mar Menor, embalses, pantanos, riego, etc. Así que cada vez que sale al escenario público su responsable político las comparecencias se hacen plúmbeas por todas las cuestiones a preguntar y repreguntar.

La falta de transparencia y pedagogía de la CHS no es algo nuevo, siempre ha sido un organismo un tanto opaco sobre el que se ciernen, muchas veces, interpretaciones malintencionadas que acaban de dañar la credibilidad de lo que debe ser una institución pública.

Ahora que ha sacado a licitación la vigilancia de las aguas de la cuenca del Segura es esperable que cambie esa forma de proceder. El contrato vale cerca de 900.000 euros (es por dos años) y tratará de garantizar el control continuo de la calidad de las aguas superficiales y subterráneas, los sedimentos, un trabajo dependiente de la Comisaría de Aguas. Todo conectado al Ministerio de Transición Ecológica, del que también depende el laboratorio de la CHS, ubicado en la Casa del Agua, en el embalse de Santomera.

A ver si cuando haya episodios de espuma blanca en el cauce es capaz la Confederación de dar con los autores de los vertidos que propician esos desastres ecológicos y no ofrecen explicaciones peregrinas como que pueden venir de las lavadoras. Este contrato sustituirá al anterior, que caduca el próximo verano, y el que está en estos momentos en licitación contempla la intervención en vertidos accidentales, episodios de espumas o mortandad de peces. Además, contempla la detección de especies exóticas invasoras, como el mejillón cebra y la almeja asiática.

El último episodio de espuma blanca en el Segura es reciente. A finales de septiembre de 2025, una circunstancia que volvió a indignar a vecinos y ecologistas. El Ayuntamiento de Murcia envió una carta a la Confederación para pedir que aclarara el origen del vertido mientras los ecologistas indicaron que se podría tratar de vertidos industriales procedentes de empresas que aprovechan la abundancia de lluvias y caudal del río para echar lo que se les antoja. Se supone que la CHS localizó en Las Torres de Cotillas el origen del vertido y procedió a abrir el expediente sancionador correspondiente. No se sabe cómo va el trámite y qué empresa o industria está en el foco. Es necesario que todo se haga con luz y taquígrafos y que la sociedad sepa quién contamina el río. Por lo menos en esta ocasión no iba teñido de rosa, como ocurrió en algún episodio del pasado. Por nadie pase.

Óscar Puente y el carril bici de Barriomar

Los populares están empeñados en quitar el carril bici de la carretera de Alcantarilla, una infraestructura que se estaba consolidando y que está llamada a completar la movilidad sostenible si alguna vez se proyectara unir Murcia por tranvía con Alcantarilla. Ese carril destinado a las bicicletas está ahora en el tejado de Óscar Puente, el ministro de Transportes, que debe autorizar esa supresión por estar financiada con fondos europeos. Puente siempre se ha manifestado en contra de la eliminación de carriles bici en varias ciudades españolas, que lo habían propuesto. El ministro considera que estas propuestas son regresivas y van en contra de la tendencia europea de descarbonizar los municipios. Acabar con la Murcia cochista no es fácil y siempre tendrá detractores. Hay que mirar el futuro y tener pensamiento catedral.

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