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El perfil de un policía

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20.02.2026

Policías locales en Murcia. / L.O.

Muchas veces nos preguntamos cuál es el perfil psicológico que debe cumplir un policía, pues de su forma de ser y, aún más, de actuar, dependerá la seguridad de los demás. Hubo una época, con una Policía que queda muy primitiva, en la cual el perfil psicológico era igual al de los delincuentes. De hecho, para ser policía hay que empatizar mucho; ponerse en la piel del delincuente y predecir sus movimientos, su forma de delinquir. Obvio, un delincuente sería buen policía en este sentido, pues se adelantaría a muchos delitos, porque ya conoce la forma de actuar. De hecho, muchos delincuentes fueron padres de la criminalística, la criminología y, en general, de la policiología, y dejaron escritos manuales de los cuales los policías de hoy todavía siguen aprendiendo.

Pero nos encontramos en una sociedad moderna, avanzada, con nuevas formas delictivas -más allá de los primitivos delitos contra la vida y la propiedad-. En una policía moderna encontramos perfiles específicos dependiendo de la unidad operativa a la que pertenezca el agente, pues no todos deben reunir el mismo perfil; la especialización hace que las formas de investigar o actuar sean distintas. Por ejemplo: de los policías operativos -las fuerzas de choque, los ‘rambos’-, los policías administrativos -académicos-, los policías sociales o de proximidad -sociables-, los policías de investigación de accidentes -intuitivos y observadores-, etc.

Después, tenemos que observar un hecho que buscan algunos para ser policías; personas que buscan en el uniforme un objetivo específico, ya sea venganza, prepotencia, valoración, etc. Aunque el más exitoso e ideal será el policía que ingresa por vocación policial. Existe un componente común que hace a la policía única. Y no es el conocimiento teórico ni la fuerza, no. Según los informes de Cesepol, la característica fundamental que debe tener cualquier miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad es la paciencia y la estabilidad emocional.

En mi opinión, para formar buenos policías la edad ideal de ingreso es de 25 a 35 años, pues se posee experiencia en la vida acompañada, en ocasiones, de una experiencia laboral que hace valorar la profesión con más interés. Maduros y conscientes de lo que significa una gran profesión que tiene que ver con valores y compromiso con la sociedad, pues se corre el peligro de ser demasiado joven y en ocasiones buscar la plaza con buena paga, olvidándose de la vocación de servicio. Un policía que no vale para servir, no vale para policía, que se olvide, porque va a sufrir mucho. Vocación, amigos, vocación.

A un policía le debe gustar la aventura, las emociones fuertes y el trabajo bajo presión; además, de ser tolerante y con autodominio de sus emociones. También debe estar dispuesto a grandes jornadas de trabajo, ser independiente emocionalmente, callejero y de barrio, pero que al mismo tiempo pueda tratar con gente de altos niveles sociales. Con educación media, líder nato, un poco actor, político, crítico y propositivo…

Su formación y estudios deben estar actualizados en los temas que son propios con el puesto que ocupa y su personalidad tiene que ser comunicativa, en sus relaciones con otros, mantener cierta amistad, comprender y aceptar las opiniones de los demás, etc. El grado de adaptación y resolución frente a los problemas cotidianos es importante y ha de saber aceptar el trabajo en equipo. En general, no tener un carácter colérico, irreflexivo, tozudo, etc.

Sus actitudes han de ir orientadas a valoraciones y creencias que tiene de las cosas, de la vida, de los que le rodean, el trabajo de policía. Lo correcto sería mostrar siempre una actitud positiva. La motivación es fundamental. El grado de interés real hacia el puesto de trabajo. Se ha de mostrar siempre un gran interés, y además demostrarlo o parecerlo.

Otras virtudes necesarias son el compromiso ciudadano, actitud y aptitud de servicio, lealtad a las instituciones, capacidad para resolver problemas bajo mucha presión, valor -pero más inteligencia que valor-, resistencia a situaciones difíciles, respeto por los derechos humanos, ética, disciplina, etc.

Asimismo, deberá descartarse la existencia de síntomas o trastornos psicopatológicos y/o de la personalidad. Para ello, hay que tener estabilidad emocional, autoconfianza, capacidad empática e interés por los demás, habilidades interpersonales, control adecuado de la impulsividad, ajuste personal y social, capacidad de adaptación a normas, capacidad de afrontamiento al estrés y motivación por el trabajo policial.

Policía es una palabra que no solo en su composición original tiene un significado u otro. Hay que ir más allá, alberga un trasfondo de humanidad, tolerancia, respeto y cuidado por los bienes y la paz común. Por lo tanto, ese perfil policial puede tener una génesis desarrollada en forma de vocación y heredada de padres a hijos, como un sigma o nexo generacional, o bien por la tendencia del opositor a contribuir con un mundo mejor y por ende con la vida. El perfil policial y fuera de los contextos sociales en los que nos movemos a día de hoy requiere no solo una actitud adecuada, sino que se hacen necesarias herramientas aptitudinales para ejercer con equilibrio dicha tarea tan honorable como es la defensa de los derechos y libertades del ciudadano.

Hablamos de hombres y mujeres capacitados y entregados por una sociedad más libre -odiamos a los corruptos- y donde tengamos mayor calidad de vida (da lo mismo por dinero o por vocación, pero hazlo bien), pues hoy en día se busca una situación laboral satisfactoria y un puesto que te dé una libertad económica suficiente. Decir ante eso que el verdadero policía va mucho más allá. Su sueldo no está reflejado en su trabajo, su ocupación o entrega por la seguridad de las personas, y en similitud con los médicos, hacen gala de la perseverancia y constancia que lleva al éxito de sus actuaciones. Pero lamentablemente, nos vemos enfrentados a situaciones como la de mi compañero de academia, Juan Jesús Arcas, que murió asesinado en acto de servicio a manos de un despiadado criminal.

Aspectos fundamentales como justicia, templanza, sabiduría y fortaleza, no solo son las esferas de las virtudes conativas del hombre según Kant. Esto son valores éticos que todo profesional de la seguridad debe tener o intentar conseguir para el desarrollo digno de sus tareas asignadas.

Luego viene el desgaste profesional que, como bien es sabido, amartilla con fuerza y sigilo el temperamento o comportamientos del operativo policial. Dígase, la frustración laboral por no verse cumplidos los objetivos (ascensos o designación laboral), o en su caso, las desavenencias con el sistema de justicia que tantas veces deja impunes situaciones que policialmente deberían tener condena o con los mismos compañeros o jefes en su afán de poder y supremacía en este mundo jerárquico al que se pertenece. La envidia no se queda atrás. Al final te desgastas tanto que sufres 'burnout' (el policía quemado).

Por ello y como conclusión, el poli veterano asentirá cuando digo que no es lo mismo ser buen policía que ser un policía bueno. En la primera, implica el desarrollo profesional en condiciones, y la segunda, la bondad del mismo. Solo una debe ser la premisa general de ese perfil, que sería el respeto, donde quede imbuido todo cuanto se pueda desear en un Estado de derecho como en el que vivimos.

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