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¿Comunión o miniboda?

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Una niña vestida de primera comunión. / Vilar López / EFE

Muchas personas siguen las creencias religiosas por tradición, otras son creyentes y otras se oponen abiertamente a que exista un Dios. Y están los que niegan la existencia divina y se apuntan a cualquier evento religioso que implique fiesta. Eso sí, no los verás en la Iglesia para confesarse.

Hubo un tiempo en que comulgar, cuando cumplías los 9 años, era una simple celebración familiar, gestionada con cuatro duros. Hoy todo ha cambiado, cualquier padre o madre descubre que la Primera Comunión es una mezcla entre una boda cara, un festival de música en Ibiza, un congreso en Abu Dabi o una final de Champions League. Todo protagonizado por un niño o niña que, en muchos casos, lo único que quiere es jugar con sus amigos, comer patatas fritas y recibir algún billete de sus familiares.

Quien lleve años sin asistir a una comunión verá que el panorama ha cambiado por completo. Antes, tras la ceremonia, venía la comida familiar en algún bajo, el álbum de fotos con la cámara de papá y si había suerte, el regalo estrella: una bicicleta.

Madre mía, cómo ha cambiado la película. Hoy, tras la catequesis, llega la reserva del restaurante, que conviene hacer con muchos meses de adelanto. Hay listas de espera, presupuestos, como si de una hipoteca se tratase, y reuniones para decidir hasta el último detalle.

Lo primero que llama la atención es la ropa. El niño,........

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