Sin autocrítica, sin razón y sin vergüenza
Kylian Mbappe of Real Madrid CF protests during the Spanish League, LaLiga EA Sports, football match played between Real Madrid and Girona FC at Bernabeu stadium on April 10, 2026, in Madrid, Spain. AFP7 10/04/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN. Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press;2026;SOCCER;SPAIN;SPORT;ZSOCCER;ZSPORT;Real Madrid v Girona FC - LaLiga EA Sports; / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Culpar a otros de nuestros fracasos sin mirar antes en nosotros evidencia exceso de soberbia, egoísmo y prepotencia. Una falta de humildad que nos hurta la primera lección de la vida: aprender de los errores.
Y si es costumbre, la sabiduría queda lejos, que diría el ilustre Goethe o, más llanamente, serás tonto para siempre, que añadiría el humorista José Mota.
Contemplamos lloros lastimeros por quejas arbitrales de Flick, del Barça, de Arbeloa, del Real Madrid y hasta del Simeone del irregular Atleti, sumándose al coro de grillos de Machado, justificando su histórico marchamo de “pupas” por la vecindad del Madrid, supuesto favorecido de siempre.
Y a ellos se suman habitualmente profesionales, medios propios y afines y los paniaguados de turno, esperando favores y mamandurrias de quienes los pastorean.
Pero pocos culés empiezan diciendo que sin cerrar bien atrás el Barça nunca conquistará Europa. Le ocurrió el pasado año a Flick con su vistoso y arriesgado sistema y está a punto de reiterar errores ahora. Que te metan dos o tres goles a cambio de meter uno más exige un acierto demoledor en el área contraria. Y como hogaño no sucede, juegan a la ruleta rusa constantemente.
¿Son responsables los árbitros de la inflexibilidad del técnico alemán para variar sobre la marcha sus esquemas de juego? — sus quejas arbitrales por lo del Atleti reflejan impotencia— ¿O es el madridismo sociológico y su caverna mediática quienes ofuscan a los delanteros blaugranas o a sus defensas?
Tampoco los merengues exaltados reconocen que el fichaje de Mbappé encubrió el pasado año un pésimo diseño de plantilla, reiterado este curso: tres laterales izquierdos, ningún extremo derecho, tres excelentes goleadores por la izquierda y un solo medio centro, Tchouaméni, aún no cuajado a principio de temporada. Absurdo el empeño en Camavinga, un medio centro poderoso en juveniles sin crecer entre profesionales —lo escribimos hace años—. Consecuencia, tres entrenadores incapaces de enhebrar el desaguisado: Ancelotti, Alonso y Arbeloa.
¿Los tres son malos o incapaces o habría que mirar hacia el palco, donde reside el hacedor supremo? ¿Y de tal desastre deportivo son culpables los árbitros? ¿O, es el fantasma Negreira, por desvergonzado y punible que sea, quien obnubila mentes y voluntades en planificaciones caprichosas y fuera de toda lógica futbolística?
Y eso, constatando que la doble falta del gerundense Reis sobre Mbappé, esta vez sí, era penalti.
Enfrente, tanto del racial Simeone como del calculador Gil Marín cabría recordar, si me permiten, a los magníficos perros de caza del tío Alegría: muy buenos olfateando la pieza, pero cuando la descubrían levantaban la patita para mear y escapaba. Esa es la historia ancestral rojiblanca en Europa y algo menos en España.
En la memoria colectiva colchonera, la triste final europea del Atleti de Luis frente al Bayern de Beckenbauer, en el 74 del siglo pasado, o las recientes perdidas ante el Madrid en Lisboa y Milán, especialmente dolorosa esta última por ser injusta y en una agónica tanda de penaltis. También buenos recuerdos domésticos como el doblete del irrepetible Jesús Gil y el serbio Antich o la luenga racha actual del mismo Simeone, instalando a los rojiblancos en la nobleza europea con catorce presencias consecutivas en Champions y logrando títulos nacionales con muchos menos presupuesto que sus oponentes Madrid y Barça, aunque ande ahora a veinte puntos del líder.
En el colectivo arbitral hay buenos, regulares y malos profesionales, como en todo, y también cometen fallos, como humanos que son. Incluso hubo y habrá deshonestos, como los viejos futboleros sabemos bien. Pero a muchos nos cuesta creer en contubernios generalizados contra clubes por razones oscuras. Y menos contra los grandes. Siempre fueron los grandes favorecidos en líneas generales frente a sus rivales menores, aunque ahora algo menos por el VAR.
Enhorabuena a los culés por su liga in péctore en la semana que decide Europa. Y todo, por lo jugado, no por los árbitros. Madrid y Barça lo tienen complicado y el Atleti mejor.
No obstante, a estos gallitos y sus representantes les falta autocrítica para analizar fallos y enmendar errores. No llevan razón justificando fracasos propios por fallos arbitrales, que continuarán. Y les falta vergüenza cuando alegan no hablar de los árbitros en la victoria y lloran todos siempre hacia ellos en la derrota:
¡Mamá, buba! —dicen los grandullones, quejándose de que al otro abusón le regalan más.
¿No se verán ridículos, poniendo excusas tan groseras?
¡Hala!, a seguir engañando a la gente.
