La OTAN y la UE: ruina moral, social y económica
Un momento de la cumbre de la OTAN, el año pasado / EFE
A mediados de abril, Sánchez concluyó su cuarto viaje a China en cuatro años. Firmó diecinueve acuerdos bilaterales con Pekín y se reforzaron los vínculos diplomáticos. También se suscribieron varios protocolos de exportación de productos españoles hacia el gigante asiático, así como acuerdos para atraer inversión a España y, en reciprocidad, fomentar allí la presencia de nuestras empresas. Estos días hemos conocido que SAIC, dueña de la automovilística MG, se instalará en Galicia.
Justo tras el viaje, la Comisión Europea anunció una serie de medidas, como el bloqueo de financiación para proyectos de renovables que utilicen tecnología china de empresas como Huawei, invocando riesgos de ciberseguridad y dependencia estratégica. Por otra parte, Bruselas mantiene una línea dura con aranceles a los vehículos eléctricos chinos para combatir -se aduce- subsidios estatales injustos de los que serían beneficiarios. Hace muy poco, la UE sancionó a empresas chinas por sus supuestos vínculos con la guerra de Ucrania.
En resumen, mientras Sánchez intenta posicionar a España como puente entre China y la UE, Bruselas acelera la exclusión de tecnología china de las infraestructuras críticas europeas.
Por otra parte, en marzo de 2026, España alcanzó un récord histórico en la compra de gas natural licuado(GNL) a Rusia, lo que convirtió a este país en nuestro tercer proveedor de esta fuente de energía. Paradójicamente, este intenso comercio se produce a pocos........
