El sueño del laberinto
'Ixión', José Ribera (1632) / 5
Parece un campo cerrado, al estilo de un bocage atlántico que hubiera quedado petrificado por arte de encantamiento. Durante la vigilia sólo son adoquines de un pavimento de piedra, toscos, cuadrados o vagamente rectangulares, desiguales. Pero forman una red en damero que se vuelve más confusa, si—como ocurre durante los sueños— descendemos y descendemos, hasta que la materia de los bloques se convierte en una pared elevada y nosotros ya no somos sino seres diminutos a su sombra. Desde este momento todo se transforma en una red de meandros, en un laberinto o en una gigantesca necrópolis de monolitos enormes, comunicados entre sí por una serie de callejuelas serpenteantes y ondulantes como irregulares dientes de sierra. Las hierbecillas que se abren paso entre los huecos se vuelven ahora enormes, como árboles centenarios, fantásticas secuoyas de una región mítica, creciendo por entre las ruinas abandonadas y mudas de aquel cementerio de gigantes, cuya raza extinta hace milenios, fue incapaz de dejar inscripción alguna que testimonio diera sobre quiénes fueron, qué hicieron y por qué.
La música de las esferas
Pascal contempló la infinitud muda y fría que envolvía la Tierra, esfera de roca,........
