menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

‘La prestación personal’

3 0
07.04.2026

Simulación de la base lunar planeada por la NASA. / NASA

Cuando aquel astronauta de rostro risueño llamado Neil Armstrong dijo al poner pie en ella (1969) que era "un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad", todos nos sentimos concernidos. Occidente era la idea más creíble de humanidad conocida, y USA, pese a sus contradicciones, no dejaba de ser su protector. Estaba ahí la guerra de Vietnam, es cierto, pero también el gran movimiento de 1968 que intentaba detenerla (como así sería). Luther King había sido asesinado, pero el movimiento por los derechos civiles era imparable. La CIA derribaba en Iberoamérica Gobiernos legítimos, pero las libertades públicas norteamericanas se mostraban vigorosas. Ahora Trump lo ha enfangado todo. Tras el merodeo por la Luna vemos el afán de hacerse a medio plazo con sus minerales, montar bases militares y, a corto, un lavado de cara de quien se ha juramentado contra nuestras libertades.

Revista de sociedad Nuevo Mundo, Barcelona, 1907. "En la madrugada del jueves al viernes se comenzó a poner en vigor la última disposición de la Alcaldía sobre prestación personal. Los guardias se dedicaron a la recogida de golfos y mendigos hábiles para el trabajo. [...] Se reunieron unos setenta individuos, que pasaron lo que quedaba de noche en cuatro tiendas de campaña. A primera hora de la mañana se les repartió una sopa de ajo, y punto seguido se dio principio al trabajo, que consistió ese día en acarrear piedra partida para la pavimentación. A pesar de que no faltaron protestas ni conatos parciales de rebelión, los recogidos se han hecho fácilmente a la vida de trabajo [...]" . ¡Una Barcelona de orden! También Murcia fue, un día, así. Todavía faltaba un cuarto de siglo para que mi pariente el ministro rojo Ruiz-Funes hiciese la feliz Ley de Vagos y Maleantes de 1933. Hubo una España duchada.

Suscríbete para seguir leyendo


© La Opinión de Murcia