Prohibido amar en Cabo de Palos
El faro de Cabo de Palos en una imagen de archivo / Iván Urquízar / LMU
Hay noches en las que el calor te aplasta y sientes que el bochorno, su hijo bastardo, oculto en la oscuridad, te estrangula contra la cama y te va rociando con el chup-chup del barbero.
Una de esas noches insoportables inicié mi migración doméstica: redoblé la apuesta y traje otro ventilador para ver si soplando al alimón burlaban al calor; de ahí al sofá de la cocina —donde hay aire acondicionado, pero la vida empieza demasiado temprano— y, finalmente, a la sala de estar. Como está climatizada y nadie me molesta, he plantado el colchón como una pica en Flandes. También tiene algo de soldadesca, pues la cama en el suelo le da un aspecto espartano de piso franco o escondite. Me........
