Narnia, ida y vuelta
Alvise Pérez (izquierda), líder de Se Acabó La Fiesta, junto a Vito Quiles. / Instagram @vitoquiles
Creo que podríamos decir que Vito Quiles es de derechas. Muy de derechas. Nada que objetar; estamos en un país libre, por más que el propio Quiles diga que no. Si Vito Quiles fuera periodista tampoco tendría nada que objetar. Las columnas de periodistas de derechas, o muy de derechas, adornan, sin ironía, los peristilos de la prensa patria en tal profusión que un lector podría atravesar España de punta a punta saltando entre ellas sin tocar el suelo socialcomunista bolivariano del maldito perro sanxe.
No tengo problemas con un periodista mientras me informe y me incomode. Las pistas y reservas sobre su sesgo ya las provisiono yo, según mi leal saber y entender, con una mirada a las cabeceras de los periódicos: los frisos que sostienen, precisamente, esas columnas. Hay frontispicios que me merecen el respeto de su trayectoria, por breve que esta sea, y cabeceras que parecen llaveros de la tienda de souvenirs del Museo Británico; saber eso es vital para no perder el tiempo. Sinceramente, no creo que Quiles gane nunca el Mariano de Cavia, al menos no con su manera actual de pretender que informa, aunque quizás el futuro me deje ojiplático, pues no lo descarto.
Lo que sí es Quiles es un agitador armado con un micrófono: hay pruebas de ello a la vista de todos. Su método de entrevista de asalto, donde escoge a personas que han ido a representarse a sí mismas en el Orgullo LGTBIQ+ para tratar de ridiculizarlas, busca dar argumentos a ese conglomerado de derechita sin complejos y manosfera para que se rían de la gente que lucha por la igualdad. Toda esa puesta en escena, siempre desde su muy heteronormativa figura de perfil clásico, pelazo y apostura, se ve bajo una nueva luz cuando Sara Santaolalla lo saca del armario. Puedo objetar a las intenciones de Santaolalla, pero no a que ella nos apunte que Quiles viaja de ida y vuelta a Narnia.
No tengo ningún problema con que Quiles sea, por lo menos, bisexual, porque lo bisexual también existe. Es posible que Santaolalla le haya hecho un favor, ya que así Quiles podrá usar este año eso de que «el Orgullo no me representa», como si él, y todos los que dicen la manida frase, fueran algo tan excelso como una obra de Shakespeare y no como los demás, que vamos a representarnos a nosotros mismos y a aquellos que, queriendo venir, no pueden. Vamos, precisamente, para que gente como Quiles, que se ríen del Orgullo, pueda vivir tranquilamente. No sé si Quiles saldrá ufanamente del armario, como Ernst Röhm, jefe de las SA nazis, o se quedará en él, como Roy Cohn, mano derecha del artífice de la caza de brujas, el senador McCarthy. Pero es bueno saber que transita por esta acera de enfrente; así nos podremos reír en su cara cuando, por ejemplo, diga que él no es homófobo porque tiene muchos amigos gais.
Por eso y por vuestra integridad personal, por vuestro bienestar emocional y porque, al final, te la lían parda, recordad querides, queridas, queridos, por mucho pelazo que tengan, por muy buenos que estén, aunque haya una mala racha, nunca, nunca con la rima evidente.
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