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Cabestrillos

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La comunidad musulmana, reunida en Murcia para celebrar la Fiesta del Cordero / Islam Murcia

En mi anterior artículo, Cabestros, escribía sobre cómo la cofradía de Sagunto se saltaba a la torera la Constitución Española, pero sobre todo el derecho canónico, al excluir a las mujeres de su hermandad. Un querido amigo, tras su lectura, hizo la siguiente petición: "Ante el artículo de Enrique sobre lo inaceptable de la cofradía de Sagunto, espero, quiero y deseo un artículo la semana que viene en el periódico en el mismo sentido pero respecto al rezo segregado en el culto islámico en España".

La petición la hizo así, como al foro, rollo romanos conciudadanos, en un grupo de WhatsApp que tenemos él, una amiga y yo, con lo que cuando lo dijo en ese tono me puse como Paulina en La Casa de las Flores musitando a la pantalla: "Ay, por favor, Julián, si somos tres...i al caso". Considerando que, diga lo que diga, mi queridísimo amigo, llamémoslo Julián, va a considerar que mi respuesta es o partidista porque sigo ciegamente al perro sanxe, o directamente errónea, lo cual ocurre cuando él está de acuerdo con el Partido Socialista y yo no lo estoy, me parece una cuestión legítima. El caso con él es nunca acertar.

"Memoricé la Sura Qaf directamente de la boca del Mensajero de Dios durante los viernes, porque él siempre la recitaba en el púlpito cuando daba el sermón a la gente". Eso lo afirma Umm Hisham, que era una de las primeras seguidoras de Mahoma. La memorizó de la boca de Mahoma porque estaba cerca de él escuchándola. No había separación. La segregación en la oración no aparece en el culto islámico hasta cuatrocientos años después, por lo que no es originaria del Islam.

El rezo del viernes no es obligatorio para la mujer porque se le presuponen los cuidados de la casa y la familia, no porque esté obligada a ello por mandato divino, así que no se le pide que además tenga que ir a la mezquita, pues su rezo en la casa vale igual. Pero en ningún sitio, o eso dice la doctrina musulmana más progresista, se afirma que si va a la mezquita haya de estar en un espacio separado. El origen de la costumbre de la separación física del rezo es una práctica claramente posterior. Ironía de las ironías, algunos señalan que esa influencia proviene de la cristianísima Bizancio.

Este argumento nace de una doctrina musulmana progresista que reconoce la participación de la mujer como radicalmente igual en la comunidad, de la misma manera que hay una doctrina igual en el cristianismo y el catolicismo que pide ese mismo pie radical de igualdad basada en las lecturas de Pablo y otros autores primitivos, que reconocen a las primeras cristianas como figuras claves de la fe.

Te concedo, Julián, que ese rezo separado sucede y yo ni lo comprendo ni me gusta, pero, para el caso que nos ocupa, ¿es lo mismo segregar que excluir? No, nunca te he oído quejarte de los colegios segregados del Opus Dei, por ejemplo. La Iglesia no permite la exclusión ni en la educación ni en las asociaciones públicas de seglares, que es precisamente lo que es una cofradía. En la segregación, si ha de existir porque ellas lo consienten en su práctica religiosa, deben acceder con el mismo nivel de comodidad y claridad a esas enseñanzas y rezos. Seguramente yo seré el segundo en apoyar a cualquier colectivo de musulmanas que mañana le pida a un imán que mejore la megafonía y las instalaciones de su zona de rezo, o incluso que quite la separación. Porque tú, estoy seguro, querido Julián, serás, con todo ese ardor romano, el primero.

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