Méjico lindo y querido
16/03/2026 El Rey Felipe VI visita la exposición “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena” en el Museo Arqueológico Nacional POLITICA CASA S. M. EL REY / CASA S. M. EL REY / Europa Press
Méjico sería la gran esperanza del mundo hispano si no fuera porque el partido gobernante en aquel país, con una ideología solo comparable al más puro populismo ‘podemita’ lleva casi una década empeñado en convertirlo en una autocracia y ceder su autoridad estatal frente al narcotráfico. Y lo que te rondaré, morena.
No hay gente más despreciable que la que se somete a los designios de los poderosos (llámase cárteles de la droga o Donald Trump) y se muestre duro ante los que no tienen poder para replicarles. En este último caso está España, un país europeo que no pinta nada en el mundo, dada su tendencia recalcitrante a alinearse con los países del tercer mundo, y más cuando son países árabes o musulmanes, como recientemente con Irán, Palestina o antes con el Irak de Saddam Hussein. Cualquiera en el plano internacional puede oler ese posicionamiento geopolítico del lado de los perdedores y Méjico no es una excepción. En descargo de Pedro Sánchez conviene recordar que ese alineamiento geopolítico viene desde el franquismo, con la dictadura proclamando la tradicional amistad hispano árabe y la bajada de pantalones frente a Marruecos durante la Marcha Verde, por no mencionar las veleidades a favor los terroristas palestinos por parte de nuestro bien amado y nunca olvidado Adolfo Suárez.
Así las cosas, Méjico ha actuado dócilmente frente a la prohibición de Estados Unidos para interrumpir los suministros a sus afines ideológicos de Cuba, al tiempo que exige al rey de España y por ende a los españoles, que pidan perdón por la colonización. Ante tan desnortada exigencia, la corona española, con buen criterio, se ha salido por la tangente reconociendo abusos. Si esto sirve para calmar las aguas y dar pie a mejores relaciones, bienvenido sea ese reconocimiento, que no deja de ser un brindis al sol. De la misma forma, los descendientes de españoles que gobiernan Méjico deberían reconocer el maltrato de siglos que la clase dominante criolla ha infligido a los descendientes de las tribus precolombinas. Hernán Cortes era un hombre de su tiempo, y como tal se comportó. La burguesía blanca que gobierna Méjico desde su independencia carece de excusa. Ellos sí que deberían pedir perdón.
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