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La trampa china

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11.03.2026

En un movimiento que ha cogido a muchos por sorpresa, el aparato del Partido Comunista Chino ha anunciado una reducción del objetivo de crecimiento del PIB anual hasta un magro 4,5/5%, lejos del 6% al que nos tenía acostumbrado. Todo en China es oscuro y poco transparente, y las estadísticas oficiales de crecimiento no tienen por qué ser diferentes. Por eso ha sorprendido tanto el reconocimiento de una ralentización económica de hasta un punto y medio, lo máximo que se podría esperar de unas cifras tan manipulables.

Junto a ello, el Gobierno chino sigue predicando la necesidad de que la población consuma más, reconociendo el hecho de que el boom inmobiliario llegó a su fin, entre otras cosas por el decrecimiento poblacional y porque era un tren sin frenos lanzado a toda velocidad hacia un barrera infranqueable. Por otro lado, la competencia entre sus empresas (dopadas por fondos gubernamentales) está conduciendo a un exceso de stocks invendibles a sus clientes comerciales. Pero aquí entra en juego la ‘trampa china’, una versión moderna del célebre nudo gordiano. Todo el mundo opina que los chinos deben gastar más en los productos que fabrican sus empresas, pero la pregunta es que cómo van a consumir más si los sueldos de los trabajadores se mantienen artificialmente bajos para no perder competitividad.

Un desarrollo económico sano del gigante chino habría llevado a una elevación de los salarios industriales, impulsando así una economía de servicios y de consumo, en vez de seguir centrados en la inversión en capital industrial, el motor que han alimentado el boom exportador chino y su espectacular expansión urbana. Parte de esa inversión debería haberse dirigido a los países menos desarrollados que China, continuando así un ciclo económico benigno en el que los ricos tiran de los pobres. Hace mucho tiempo que las balanzas comerciales entre países se deberían haber equilibrado gracias a una clase media china con un mayor poder adquisitivo. Al no querer renunciar a la exportación como motor económico, China ha condenado al mundo a las tensiones comerciales y geopolíticas que y se ha condenado a sí misma a una situación sin salida.

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