Lo que necesitamos las concebidas ya nacidas para convertirnos en madres
Archivo - Una madre con sus hijos. / Eduardo Sanz - Europa Press
Al hilo de las recientes declaraciones de la presidenta de Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y del presidente del mismo partido, Núñez Feijoo en cuanto a los derechos que se pretenden atribuir al «concebido no nacido» se nos ocurrió darle la palabra al concebido ya nacido, en este caso a la concebida ya nacida que se plantea la posibilidad de gestar, parir y criar a un futuro ser humano.
Empecemos por el primer escollo, buscar una persona idónea con la que gestar este proyecto de vida. Recordaremos como hecho no anecdótico que en el territorio de Estado español los jóvenes se independizan a una edad algo avanzada, alrededor de los treinta años, según estadísticas recientes. Sin necesidad de echar mano de una calculadora podemos pensar que una persona que se atreve a embarcarse en un proyecto a largo plazo como es la maternidad tendrá que tener no solo los recursos económicos, sino también la energía y la salud metal y física para lidiar con una crianza, cosa que cada vez se parece más a una carrera de obstáculos.
Pero no perdamos de vista el objetivo: encontrar una pareja solvente, que esté dispuesta a compartir de alguna manera dicho proyecto, no porque seamos mujeres que aspiran a un rol tradicional, sino porque la crianza en solitario con las escasas ayudas propiciadas por un estado de bienestar en constante peligro de extinción es una opción que en muchos casos no es asumible, debido a la precariedad laboral que acecha a toda una generación.
Frente a horizontes de futuro cada vez más inciertos, podríamos preguntarnos qué clase de irresponsabilidad supone quedarse embarazada, pero no nos desviemos y volvamos a lo que necesitaría esta hipotética mujer o persona con útero si........
