Medir la vida en julios
El lugar donde descubrí que la música es la mejor excusa para encontrarnos se llama Bilbao BBK Live. / Belén Unzurrunzaga
La música para mí tiene una capacidad de reparación que la medicina no puede replicar. Hay dolores que no se van con pastillas, se van con decibelios. Se curan exponiendo la herida ante el sonido hasta que el pecho vibra, cierras los ojos, sonríes, tu cuerpo se deja llevar y el ruido de la cabeza se apaga. Un festival no es una fiesta; qué también, es un ‘hospital’ al aire libre al que cada uno acude con su propio diagnóstico a cuestas. También un lugar al que volvemos para medir cuánto hemos cambiado. El mío es una montaña de Bizkaia a la que subo puntualmente cada mes de julio desde hace una década. Mi primera vez allí, en 2016, no tuvo nada de idílica o sí, según se mire.
Llegué con el cuerpo roto y la cabeza destrozada. Mi único objetivo era estar lejos, apagar el teléfono, desaparecer entre la masa y dejar que el ruido ensordecedor de Arcade Fire aquel jueves tapara una realidad que no quería mirar. Buscaba amnesia; buscaba dejar de ser yo durante tres........
