La Manga, a pesar de todo
Un paseo de La Manga. / La Opinión
Este artículo empezó en Venecia, un rodeo hasta La Manga. La culpa fue de Íñigo Domínguez y una sospecha: algunos lugares sobreviven mejor que las ideas que aplicamos sobre ellos.
Antes de nosotros estuvo el mar. Durante milenios levantó una lengua improbable entre dos aguas. Carmen Conde supo verla antes de que aprendiéramos a tasarla: "Este mar es un mar arracimado / en dos brazos de tierra, clamorosos / de jaloque y leveche". Ella vio un mar abrazado por la tierra; nosotros acabaríamos viendo suelo disponible entre dos mares. Cerca quedó el Carmolí, cicatriz antigua. Nos bastaron décadas para preguntarnos cuánto podía soportar y confundir la pregunta con un permiso.
Las encañizadas conocían otra gramática. Aprovechaban las golas y el tránsito de los peces entre ambos mares. No corregían el territorio: lo leían. Vivir aquí significó averiguar qué permitía. Después llamamos progreso a conseguir que sus límites........
