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Koljós

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26.02.2026

Emmanuel Carrère / OSK

La noticia me pilló en un aeropuerto, camino de Tirana, hace casi tres años. En esos lugares uno deja de ser alguien para convertirse en una secuencia: cola, bandeja, arco, puerta, asiento; un cuerpo con billete, una vida con su código de barras. Abrí el móvil y apareció el funeral por Hélène Carrère en París. El duelo tiene coreografía: todo está en su sitio, incluso la tristeza. Me quedé mirando un detalle mínimo: el rostro de Emmanuel Carrère, su hijo, serio, en su pompa. Pensé: esto lo escribirá.

Luego el avión despegó. La noticia dura lo que tarda el dedo en cansarse. Todo cae con la ligereza de una servilleta en una terraza: primero nadie la ve, luego alguien la pisa y, al final, ya es parte del suelo. Y ahí se queda, como si siempre hubiera estado. Nos conmovemos por tandas;........

© La Opinión de Murcia