La llama que sigue encendida
Las imágenes de la procesión del Sagrado Corazón de Jesús por las calles de Málaga
Las imágenes de la procesión del Sagrado Corazón de Jesús por las calles de Málaga / Eduardo Nieto
Hay imágenes que no se quedan quietas en los retablos de las iglesias sino que se cuelan en nuestras viviendas, se acomodan al fondo del pasillo sobre la puerta del dormitorio, en el almanaque en la cocina, em la puerta del piso e incluso en la cartera. Terminan formando parte del paisaje emocional más íntimo de nuestras vidas. Eso pasa, de un modo entrañable y bellísimo, con el Sagrado Corazón de Jesús. Cuando llega junio y el calor empieza a apretar, renace en nuestra memoria, una devoción familiar de las que se heredan en los gestos más sencillos: la fe de nuestras abuelas.
Si cierro los ojos, puedo volver perfectamente al dormitorio de la mía. Aquello era un auténtico sancta sanctorum, un refugio donde el tiempo parecía detenerse entre el olor a colonia fresca y al jabón que perfumaba los cajones. Sobre el cabecero de la cama, guardando el sueño, estaba el cuadro de las Ánimas. En la cómoda se erguía como un luto eterno su Santa Rita —que ya contaré su historia otro día— y, a su lado, la Inmaculada Concepción junto al Sagrado Corazón. En ese cuarto no había retratos grandes ni bisuterías ni vanidades de anciana. Mi abuela no era de tener fotografías allí; tan solo una, muy pequeña y sencilla, de mi abuelo, colocada justo al lado del tazón de aceite donde siempre, invariablemente, flotaban las mariposas encendidas alumbrando.
Para mí, el Sagrado Corazón siempre tendrá el rostro de esa habitación y el recuerdo de aquellas mañanas dominicales de infancia que venían justo tras del Corpus. Recuerdo ir de la mano de mi abuela a contemplar un cortejo que era un absoluto contraste. Por un lado, caminaban las mujeres mayores con sus mejores ropas oliendo a Joya y a laca Nelly.........
