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Saliendo a escena

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19.06.2026

Un Teatro Cervantes, a rebosar. / Eduardo Nieto

Aquella noche, en los principios de los ochenta, el grupo musical malagueño ‘Danza Invisible’ hizo más que visible su magia y la frescura de su talento en las fiestas populares del madrileño barrio de Aluche de Madrid. No era fácil abrirse paso entre los popes de la ‘movida madrileña’, tocados por un narcisismo autocomplaciente propio de ombligos agradecidos. Sea como fuere, el resultado era divertido y desenfadado. No me incomodaron demasiado los olores del aceite de la fritanga, en medio de discursos apasionados sobre materialismo dialéctico o la ruptura democrática como una ocasión perdida por culpa de posibilismo burgués y el miedo heredado de nuestros padres y abuelos a los virajes de la política nacional. Las conversaciones con argentinos, chilenos o uruguayos exiliados, regados con una absenta dudosa y en vaso de plástico también eran visitas esperadas. Tampoco nos intimidaban ni el ruido de las atracciones de ferias ni las proclamas proselitistas de muchos feriantes improvisados. Estábamos gozando como enanos de los privilegios, años vedados, de nuestra ‘vida en el arte’, parafraseando el título de nuestro nuevo libro sagrado: ‘Mi vida en el arte’ de Constantin Stanislavsky (1972), y en la traducción de un Caplan que nada tenía que ver con la película de Alfred Hitchcock, y en el que leíamos los pormenores de un método revolucionario para actores sin prejuicios, que nos explicaba cómo acariciar la perfección en la acción dramática con trucos tan sugerentes como fingir un orgasmo en escena, pese a la virginidad más arraigada, gracias a la recuperación de experiencias gozosas, como la degustación prolongada de un generoso helado. El ideal soñado hacía que nos conformásemos con poco. Estábamos huérfanos de experiencias estéticas, nos decían los mayores, incitándonos a la búsqueda del placer (inmediato, intenso y desinteresado), al éxtasis del conocimiento y al cultivo del juicio del gusto al que nos animaban los intelectuales italianos y el engolamiento francés.

A los componentes del grupo teatral ‘Laboratorio Experimental de Teatro ‘Grumo de Peyote’ en el que me había enrolado y habíamos ofrecido nuestra representación de una obra........

© La Opinión de Málaga