No se dejen engañar
Libreta y portátil. / DIPUTACIÓN DE BADAJOZ
No se dejen engañar: el año nuevo no comienza en enero, sino en septiembre. Y es por eso mismo, por no tener en cuenta esta eterna certeza, que los propósitos de cara a enero no siempre agarran: porque diciembre culmina en la agotadora cima de lo festivo, y a ver quién tiene arrestos para arrancar con la tan proclamada trama de las buenas intenciones tras el jolgorio de las doce campanadas, en plena cuestaza de enero, cuando el cuerpo no pide más que depurativos frente al mono de los excesos y la tarjeta del banco te canta por soleares.
Septiembre, sin embargo, pinta de otra manera. Septiembre siempre será el inicio de curso y, por consiguiente, el inicio del año y de las esperanzas ciertas, que diría San Francisco. Porque uno podrá cumplir cincuenta años, tener hipoteca, colesterol, una carpeta llena de facturas y otra, metafórica, repleta de asuntos que preferiría no abrir; pero llega septiembre y algo remoto se despereza por dentro. Será memoria genética o, simplemente, que muchos llevamos media vida........
