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Un país a fuego lento

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Archivo - Pedro Sánchez, acompañado por María Jesús Montero, el portavoz del grupo socialista en el Congreso, Patxi López, y por la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, interparlamentaria del Grupo Socialista (Congreso, Senado y Parlamento Europeo) . Ar / Diego Radamés - Europa Press - Archivo

Tres palabras describen un proceso, plan o proyecto que avanza poco a poco, con calma y sin prisa. A fuego lento. Lo bastante despacio para que cada cambio parezca menor y, contemplado el conjunto, resulte difícil reconocer el paisaje anterior.

Hay cambios que llegan por aluvión y otros por sedimentación. Los primeros irrumpen y obligan a reaccionar; los segundos se depositan capa sobre capa. El aluvión provoca resistencia; la sedimentación favorece la costumbre. El problema no es cada capa, sino el suelo que todas juntas terminan formando.

La vida, atrapada en el ritmo frenético del día a día, y la política, detenida entre las piedras del camino, se cocinan a fuego lento.

El Parlamento sin pulso

No ha sido necesario cerrar el Parlamento para amortiguarlo. Basta con restarle funciones. Sin nuevos Presupuestos, con escasa producción legislativa, sin debate sobre el estado de la nación y convertido en escenario de una lucha libre repetida, Congreso y Senado parecen recipientes vacíos.

La legislatura, prácticamente extenuada, depende menos del calendario institucional que de la conveniencia política de quien puede disolver las Cámaras. La convocatoria electoral se mezcla con cálculos de supervivencia y un vía crucis judicial.

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© La Opinión de Málaga