Padrinos y «enchufados»
En el zoológico nacional, la irrupción del chivato ha visto aparecer otro viejo conocido de nuestra fauna moral: el «enchufado». Al «chivato», que delata, se une ahora el «enchufado», que prospera. Uno sobrevive señalando. El otro, siendo señalado. Los dos son especies perfectamente adaptadas al ecosistema del poder. Ambos podrían formar parte de una misma biosfera: personajes que no son excepciones, sino síntomas de una determinada degradación de la vida pública.
La reciente sentencia, que condena al beneficiario del enchufe, introduce una novedad muy apreciable. El enchufado puede dejar de ser un mero receptor pasivo para convertirse en cooperador necesario del delito cuando participa activamente en el diseño o adaptación de la plaza. La reciente sentencia, dictada a propósito del hermano del presidente, trasciende con mucho el caso concreto. Abre la puerta a reflexionar sobre el enchufismo como una cultura política profundamente arraigada.
Durante siglos, España ha convivido con una doble administración: la oficial, a base de leyes, oposiciones y procedimientos. Y otra paralela, invisible pero perfectamente conocida, basada en relaciones personales, favores, parentescos y fidelidades. Nuestra........
