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Cosas que ocurren

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Varios migrantes duermen este sábado en la playa El Trampolín de Ceuta. / Reduan (EFE)

Hay expresiones que explican una crisis mejor que una comparecencia. «Cosas que ocurren», dijo el ministro del Interior ante la tragedia migratoria de Ceuta. Tres palabras suficientes para rebajar lo extraordinario a accidente y aliviar de paso la incómoda carga de las responsabilidades.

Pero hay cosas que ocurren y cosas que se dejan ocurrir. Las primeras pueden ser imprevisibles. Las segundas dejan de serlo cuando se repiten. Y pocas cosas hay menos imprevisibles que una crisis migratoria en una frontera cuya estabilidad depende, en buena medida, de la voluntad del vecino.

Ceuta no puede con todo

La llegada masiva de inmigrantes, el desbordamiento de la acogida y la presencia de miles de menores han colocado a una ciudad de 83.000 habitantes ante un problema que excede sus dimensiones.

España sigue llamando crisis a lo que hace tiempo dejó de ser excepcional. No tenemos una política migratoria capaz de anticiparse, sino una política de reacción: primero llega la avalancha; después, los ministros; más tarde, las carpas, los traslados y el reparto de culpas.

Tres problemas, no uno

Una cosa es proteger una frontera, obligación elemental del Estado. Otra, gestionar la inmigración irregular conforme a la ley. Y otra decidir qué hacer cuando........

© La Opinión de Málaga