Malo será
Un bonsái que flota en el aire
Hace un año y medio me regalaron un bonsái. Sucedió en febrero, por mi aniversario. Esos días me dolía una rodilla, un hombro, un tobillo, acababa de tirar mis vaqueros preferidos y tenía el coche en el taller, así que me salió decirle entre dientes al arbolito «A ver quién dura más». Me atragantaba con mi propia amargura. No sabía yo nada de bonsáis, ni de jazmines, ni glicinas, ni helechos, ni hierbajos, aunque tenía un rastrillo de tres dientes, una pequeña azada, una regadera y una tijera de podar. En su día –en los años ochenta, ojo– había visto Karate Kid II, donde el profesor Miyagi, de vuelta a Okinawa, monta una tienda de cuidado y venta de estos pequeños árboles. Con esto, y con acordarme de regarlo de vez en cuando, deduje que todo........
