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Golpe de calor

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Un termómetro durante un verano caliente. / RICARD CUGAT

De niño, como a todos los de mi generación, me asustaban mucho con el infierno. El infierno era (luego por lo visto dejó de serlo, incluso dejó de ser, que no es lo mismo) un lugar donde las llamas te devoraban eternamente, un sitio que pintaban de rojo en el catecismo del Padre Ripalda, que estuvo vigente nada menos que cuatro siglos, entre el XVI y el XX. Y a ese lugar se llegaba pecando, y como casi todo era pecado, desde muy chico (ya dijo Onetti que la única sabiduría posible es resignarse a tiempo) me fui haciendo el cuerpo a transitar la eternidad al rojo vivo, entre las llamaradas de Pedro Botero,........

© La Opinión de Málaga