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La paradoja del poder: ¿Es el futuro de los fuertes o de los vulnerables?

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13.04.2026

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, junto al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio. / Andrew Leyden / Zuma Press / Con

Recientemente, una frase resonó en los pasillos del poder internacional: «El futuro no es de los débiles». Pronunciada por Mark Rutte en el contexto de la OTAN, el mandatario rescató esta contundente expresión de Ronald Reagan, quien la inmortalizó tras la tragedia del transbordador Challenger. La sentencia busca proyectar seguridad, músculo militar y una determinación inquebrantable frente a las amenazas globales. Es el lenguaje del acero, de los presupuestos de defensa y de la geopolítica que no admite titubeos.

Sin embargo, a nivel humano, esta afirmación nos deja un sabor metálico y frío. Si el futuro solo pertenece a los fuertes, ¿qué lugar queda para el resto de la humanidad?

La fragilidad como verdadera fortaleza

Desde una lógica puramente terrenal, la frase de Rutte tiene sentido: en un conflicto, el que tiene más fuerza suele imponer su voluntad. Pero la historia del alma humana cuenta una versión muy distinta.

Fuera del estruendo de las armas y la retórica del poder, se alza la figura de Jesús de Nazaret. Su mensaje no fue una oda a la dominación, sino una revolución de la mansedumbre. Jesús no solo habitó la debilidad, sino que la dignificó:

• Bienaventurados los pobres y los que lloran: No prometió el futuro a los generales,........

© La Opinión de Málaga