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Antonio Banderas, el último mecenas

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24.05.2026

Antonio Banderas, en un retrato familiar. / L.O.

Hay algo profundamente enfermizo en una parte del ecosistema mediático actual. Y no lo digo desde la superioridad moral de quien cree haber descubierto la pólvora. Antes existían los excesos, los intereses y las manipulaciones. Pero lo de ahora empieza a adquirir una dimensión casi caricaturesca. Una mezcla extraña entre ansiedad por el clic, histeria colectiva, maldad gratuita y ausencia absoluta de responsabilidad. Una especie de feria permanente del titular grotesco donde da exactamente igual el daño causado, la lógica de lo publicado o incluso el más elemental sentido común.

Estos días hemos asistido a uno de esos episodios que deberían estudiarse en las facultades de Comunicación. No como ejemplo de buen periodismo precisamente, sino como síntoma de algo bastante más preocupante. De repente, una parte de la prensa nacional decide lanzar al mundo una noticia espectacular. Antonio Banderas está arruinado. Es pobre. Su teatro de Málaga está prácticamente en quiebra. Ruina empresarial. Pérdidas millonarias. Catástrofe económica. Hundimiento. Poco menos que un SOS financiero emitido desde la calle Córdoba mientras las lámparas del Soho parpadeaban al borde del colapso.

Y claro, las redes hicieron lo suyo. Todo corre. Todo arde. Todo se comparte. Nadie comprueba nada. Y cuanto más absurdo es el titular, más éxito tiene. Porque la verdad jamás competirá en igualdad de condiciones con el morbo. La cuestión es que el disparate era tan evidente que el propio Antonio Banderas tuvo que salir públicamente a explicar algo que resulta casi ofensivo tener que explicar. Que no está arruinado. Que el Teatro del Soho CaixaBank no es una empresa convencional concebida para maximizar beneficios. Que él mismo lleva años diciendo -literalmente años- que ese proyecto responde a una pasión personal y a una apuesta cultural que asume incluso sabiendo que determinadas producciones pueden no ser........

© La Opinión de Málaga