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El imperio del mal

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12.09.2026

03/09/2026 Una mujer migrante espera a las puertas del Centro Ecuestre la Hípica de Ceuta. / Europa Press

Durante los felices años veinte la Bolsa de Wall Street subía de manera incontenible. Muy por encima del valor de los activos que respaldaban. Los banqueros salían a los parques y ofrecían a los mendigos que dormían en los bancos de la intemperie un préstamo para comprar acciones. «Yo no tengo dinero», aducía sorprendido el pobre. «No se preocupe», contestaba el banquero, «cuando usted no pueda pagar, las acciones valdrán mucho más de lo que deba».

Aquellos préstamos se empaquetaban. Se les ponía un lacito. Se les llamaba ‘activos financieros’. Y se vendían a otras entidades financieras o fondos.

El 24 de octubre de 1929, jueves negro, millones de acciones se pusieron a la venta sin demanda alguna. La liturgia que venía sustentándose en una ficción, petó. El martes negro de la semana siguiente acabó de rematar el espanto mundial.

Tres años más tarde Adolf Hitler era nombrado gentilmente canciller por la torpe derecha alemana con la esperanza de que así se desbravaría. Sería el principio del fin de la ya débil democracia alemana. Los efectos demoledores, globales y en cascada, de la Gran Depresión, causada por el crack del 29, se habían cebado cruelmente sobre las clases medias y trabajadoras de Alemania y otros muchos países de Europa dispuestas a seguir a ciegas al primer señor con bigote que les prometiera redimirlas de tan terrible situación.

En los primeros........

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