Verdad, relato y falacia
1984, la distopía creada por el escritor George Orwell. / l.o.
Los nacidos y nacidas en torno a la mitad del pasado siglo, que andamos ya sobre los 70 y largos años, llevamos en nuestro haber una buena dosis de experiencia respecto a la manipulación política. El aprendizaje empírico nos ha dejado un amplio conocimiento al transitar, desde la falacia de la verdad absoluta y dogmática, al espíritu crítico, circunstancia que fuimos superando desde una especie de evolución «cuasiautopedagógica». Pasamos de tragarnos todo el relato delirante de la ideología única de corte fascista a vislumbrar otra realidad alternativa en el ejercicio de la democracia. Yo recuerdo mi curiosidad cuando mi padre escuchaba clandestinamente Radio España Independiente, la llamada Pirenaica, y sus inflamados discursos. Costó dios y ayuda recorrer el camino desde la sumisión impuesta a la manumisión, fraguada en la transición, conducente a la libertad y el derecho a la verdad, que sigue negándosenos.
Existió en nuestra infancia un férreo sistema de control y adoctrinamiento desde la religión y la política, ambas concertadas, para instaurar y perpetuar sus dogmas y credos políticos y religiosos en una sociedad sometida desde la verticalidad. Se instauró en nuestra mente un software troquelado e indeleble que acabó condicionando nuestro pensamiento, hasta tal punto que, los cambios que se fueron introduciendo debieron hacerse sobre el mismo software con el conflicto que ello conlleva. Nuestra subconsciente anda pleno de mensajes del pasado inoculados en el virginal cerebro del niño, merecedores de un buen psicoanálisis. En nuestro proceso evolutivo las nuevas ideas y valores, junto a la instauración del espíritu crítico, los relegó al lugar más oscuro y profundo de la memoria… pero persisten ahí aunque sea anatemizados.
Aquella verdad impuesta desde las «falacias ad populum y ad baculum» y sostenida por un relato de corte político y religioso, que encaja en la «falacia ad verecundiam», era una verdad falsaria para sostener un sistema de imposición y dominio de los grupos de poder vencedores por las armas en la cruel contienda civil.
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