Gurús de su propio fracaso
Es tal la omnipresencia de la IA, no solo en palabras sino en hechos, que es lógico el interés público y que sea objeto de conversación en tertulias, durante el café y hasta en las comidas de Navidad en boca de cuñados —uno mío se dedica al ramo, como yo, así que en su caso está justificado—.
Al olor del negocio de la IA aparecen opinadores profesionales o vocacionales, también los denominados influyentes y, por supuesto, los supuestos gurús. No reivindico la exclusividad de los científicos de la computación para opinar, faltaría más. Incluso me parece indispensable que algo tan transversal y trascendente sea motivo de reflexión y opinión por profesionales de todos los campos y por la sociedad en general. Eso sí, primero hay que reflexionar y luego opinar, que de otro modo la opinión suele ser inútil, cuando no negativa.
Me preocupan especialmente los gurús de pacotilla, y entre estos los que llenan su boca y nuestras cabezas de alabanzas hiperbólicas a la IA, como si de la resurrección de Jesucristo se tratase. La IA ha venido para quedarse, suelen decir, y añaden todas las........
