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De la guerra

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La posibilidad de que la situación en Oriente Medio degenere en una guerra abierta pone ante los ojos de los ciudadanos de Europa Occidental una perspectiva que, aunque se había insinuado con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, se manifiesta ahora con toda su crudeza. Desde 1945 no nos habíamos encontrado en una tesitura parecida, por lo que la mayoría de los habitantes de esta parte de Europa afrontamos una situación desconocida.

Cuando escuchamos decir «¡No a la guerra!» estamos oyendo algo que parece una obviedad. Solamente los desalmados pueden estar en desacuerdo con esa proclamación general y abstracta. Pero todas las generalizaciones son peligrosas. Pongámonos en septiembre de 1939. Alemania invade Polonia y el Reino Unido toma la decisión de declarar la guerra a Alemania. Los británicos habían seguido con su primer ministro Chamberlain una política de apaciguamiento con la Alemania nazi, pero, en ese momento, sus gobernantes deciden dar un salto cualitativo y entran en guerra con el invasor de Polonia. ¿Decir «¡No a la guerra!» en ese momento hubiera sido una decisión adecuada? Parece que la Historia ha demostrado que no.

Debemos entender, por tanto, que la cuestión no es tanto decir «No a la guerra» o «Sí a la guerra», como decidir en un momento dado si la guerra, causante de tantas desgracias, no es sino el mal necesario para evitar otros males mayores. Para ayudarnos a decidir en ese momento trágico, el Derecho Internacional nos proporciona unos instrumentos muy útiles que la sabiduría de Occidente no debería ignorar. En el caso que nos ocupa, los medios de comunicación españoles han publicado opiniones que ilustran de manera muy adecuada sobre los criterios a seguir. A este respecto, recuerdo muy vivamente un artículo de la profesora Araceli Mangas que, a mi juicio, ilumina muy bien el panorama. Lo verdaderamente importante es dilucidar si, en un caso concreto, esa decisión terrible de ir a la guerra tiene una justificación que, en último término, hace que esa decisión sea no solo política, sino fundamentalmente moral.

En la película que le dedicó Schaffner, el general Patton dice algo así como que, en comparación con la guerra, los demás aspectos de la conducta humana parecen irrelevantes. Quiero interpretar la frase en el sentido de que la guerra es una decisión última y, vuelvo a repetir el término, terrible, que solo sería justificable después de una ponderación muy medida de los factores que concurren, y desde luego teniendo en cuenta los costes, primordialmente humanos, pero no solo, que ella implica. Tengo para mí que ésa es la postura que deberíamos mantener todos los seres humanos y, concretamente, los ciudadanos de la Unión Europea, que ha de ser no solo un acuerdo comercial, sino, fundamentalmente, una forma de vida.

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