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Sistemas complejos, gobernanza frágil…

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10.03.2026

Tengan ustedes buenos días o, como les digo muchas veces, tengan los mejores que sea posible teniendo en cuenta sus circunstancias concretas. Creo que es bueno matizar esto, porque a veces interpelamos a los demás con un «buenos días» genérico y con poco recorrido más, y eso no es lo óptimo… En efecto, habrá quien de nuestros interlocutores está en la cresta de la ola, pero también quien atraviesa un verdadero valle de lágrimas, nos estaremos dirigiendo a quien se siente bien, e incluso pletórico, pero nuestra comunicación llegará asimismo a quien a lo mejor decirle tal cosa con la mejor intención le parece una verdadera ofensa, en su estado. Por eso, y con ánimo constructivo, ya saben que por aquí se les desea lo mejor, como primera aproximación. Qué será eso ya dependerá de su situación concreta…

Y es que no podemos olvidar, y eso también suelo recordarlo a menudo, que tal día como hoy nacerán muchas personas y otras morirán, que habrá a quienes se les diagnostique una terrible enfermedad con mal pronóstico y, en cambio, otras personas saldrán del túnel de una situación crítica o empezarán a remontar un momento difícil. No podemos calzarnos los zapatos del otro, dice con razón el clásico, y todos y todas estamos lastrados por nuestras circunstancias concretas en cada momento, terriblemente cambiantes y difícilmente transferibles muchas veces, con lo que hemos de ser muy cautos con nuestros puntos de vista a la hora de, por ejemplo, juzgar los actos de un tercero…

Sí, queridas y queridos… Somos muchas y muchos, y todos convivimos en un mismo tiempo y lugar, con muy diferentes ingredientes en nuestro particular caleidoscopio de la vida… Y el conjunto de todos conformamos la sociedad, a todos los niveles. Desde el grupo humano más cercano a cada uno de nosotros, en el primer escalón, hasta la Humanidad entera, en el último… Con una gran diversidad, manifiesta y evidente, a la que muchas veces se ha querido poner coto…

Y si hay algo que me sorprende, hoy de máxima actualidad, tiene que ver con la forma con la que nos regimos como conjunto. No solamente en lo relativo al gobierno de cada una de las instituciones locales, regionales, nacionales, internacionales o globales, que eso es una parte nada más, sino mucho más en general… Por decirlo de algún modo más concreto les diré que me llama la atención cómo, a partir de la diversidad inicial, al final el grupo humano evoluciona sobre todo a partir de estructuras sociales y humanas concretas, y no en atención al todo. Entiendo que en esto hay elementos de poder y de mayor acceso a los recursos, claro, pero aún así llama la atención lo «ghiadiños» que resultamos, a la postre y pese a toda la panoplia inicial de posibilidades fruto de la inmensa variedad de ideas, actitudes, aptitudes, planteamientos y circunstancias…

Más aún, me llama incluso más la atención que, con todos los que somos y lo diversos que resultamos, los designios de esta sociedad —y, por ende, del planeta— estén basados en las veleidades de grupos escasos en número y muy localizados en el espacio y en el tiempo. No deja de ser curioso que sean los planteamientos quizá paranoicos y narcisistas y desde luego muy interesados y bastante imperialistas de uno, dos o tres dirigentes mundiales, por ejemplo, los que estén dictando el ritmo de los acontecimientos en este mismo momento, en un planeta cuya población total va hacia los nueve mil millones de personas. ¿De verdad no hay sistemas de control verdaderamente efectivos para que algunas cosas no pasen? Una vez di una conferencia, hace ya mucho tiempo, en la que imaginaba a un amigo marciano llegando a La Tierra y enumerando aquellos extremos que, por aceptados, no dejaban de ser peculiares, pintorescos, aberrantes y hasta difíciles de creer… Pues ahora, a tenor de los acontecimientos globales, esta idea para mí se consolida y hasta se refuerza…

Sistemas débiles de gobernanza, pues, a todos los niveles, en un mundo complejo. ¿Y por qué lo digo? Porque, repito, si las cosas se van a basar en los intereses de cuatro y en la posibilidad de que a alguien se le vaya la cabeza, mal estamos… Y sean conscientes de que el riesgo se incrementa sobremanera si esa persona potencialmente desubicada tiene en la mano el botón nuclear…


© La Opinión A Coruña