Hay cuestiones ante las que no se puede titubear…
¡Hola, queridos y queridas! Cuando ustedes tengan entre sus manos el periódico de hoy, se supone que los astronautas de la misión Artemis II habrán regresado ya. Cumpliendo las previsiones, esto habría tenido lugar entre las 5 y las 6 de esta madrugada pasada, hora de nuestro país, llegando a algún punto del océano para ser rescatados posteriormente por el operativo montado al efecto… Días para recordar, sin duda, habida cuenta del gran reto tecnológico y humano que supone este tipo de hitos… Y un claro triunfo para este equipo internacional, donde Estados Unidos exhibe una vez sus incontestables capacidades y enorme potencia tecnológica...
Desgraciadamente, estos días también serán analizados en el futuro por las barbaridades que se cometen en diferentes puntos de nuestro planeta, con una clara involución en la observancia del Derecho Internacional y con una fundamentada sensación de que el matonismo ha ganado paso al orden a la hora de articular la relación entre los pueblos… Una lógica donde es precisamente el mismo país, Estados Unidos, el que tiene ahora un papel mucho menos constructivo, ético y defendible: «¿Que tienes esto y que no quieres dármelo? Pues no te preocupes, que ya monto yo la guerra correspondiente, sostenida por un relato que no se sostiene, con continuos reproches al resto de la comunidad internacional por no seguirme el juego…».
Menos mal, estimados lectores y lectoras, que una buena parte del resto del mundo ha reaccionado a las amenazas, imprecaciones y exabruptos lanzados desde el grupo promotor del actual clima de guerra bélico con contención y prudencia, al menos hasta ahora, así como con un marcado respeto tanto por la legalidad vigente como por la diplomacia que hasta ahora ha presidido las relaciones entre los pueblos. Ojalá las continuas presiones para revertir esto no den su fruto, porque el panorama sería entonces bastante menos esperanzador, en términos de preservación de los derechos humanos y de una concepción de la convivencia basada en el respeto mutuo...
Pero si hay un país que ha brillado con contundencia en todo este difícil escenario, ese ha sido España. Desde aquí, el Ejecutivo ha sido claro en situar en su justo término todo lo acontecido: un conjunto de acciones injustificadas, anheladas desde hace ya tiempo desde el Likud israelí, a las que el actual Gobierno de los Estados Unidos ha dado luz verde por algunos intereses concomitantes y por la enorme capacidad de presión del lobby judío, verdadero pulmón financiero de la carrera de algunos congresistas. Y todo ello hilvanado por un relato verdaderamente esperpéntico, donde tanto se habla de «salvar» al oprimido pueblo iraní —seguramente igual que se «salvó» en el pasado al pueblo afgano o al iraquí— como, directamente, del amor por el petróleo ajeno u otros recursos… Terrible, ¿no?…
Sí, pienso que España lo ha hecho bien esta vez, y que, consecuentemente, ha sido un faro para el resto del mundo. Y miren, aunque en un entorno tan polarizado como el actual haya quien crea que los que alaban una actuación del Gobierno han de
ser únicamente sus fieles y los que les critican son siempre los del otro bando, por suerte hay mucha más vida y diversidad aparte de ello… Y el análisis, desde mi humilde punto de vista, es que nuestro país —y, en particular, su Gobierno— merece ser felicitado por una postura clara, contundente, fundamentada y alineada con las disposiciones y Tratados de los que España es firmante, así como por un enfoque incontestable basado en los derechos más fundamentales de las personas. Y es que, como hemos manifestado ya en más ocasiones, creo que tales mimbres son los únicos posibles para no deteriorar hasta el infinito la convivencia y una esperanza razonable en un mundo mejor... Al tiempo, hemos podido ver un ejercicio de la oposición completamente errático, vergonzoso e irrelevante, lleno de titubeos. Un «sí a todo» inicial que, por matizado, rematizado y vuelto a cambiar, ha perdido cualquier atisbo de veracidad… Y donde se han notado las costuras del interés propio —cuanto peor, mejor— , mucho más allá de la asunción de una postura real, fundamentada y defendible, o siquiera de un mínimo discurso propio y creíble ante tales graves cuitas de la actualidad internacional…
¿Qué les parece a ustedes? ¿Están de acuerdo conmigo o me proponen algún otro elemento que a mí se me haya podido escapar? Ya me dirán si concuerdan o no con mis tesis, que me interesa. Y es que creo que se puede discrepar y, al tiempo, dialogar, siendo fundamental tal ejercicio en un clima de amistad. Con todo, y mientras aguardo sus respuestas, déjenme que siga respirando con cierto alivio por el hecho de que, con semejante papeleta en la esfera internacional no hubieran estado gobernando los otros cuando estalló todo el pastel… Y es que la postura oficial del país, ténganlo claro, hubiera sido bien distinta...
