Bidones, radiación y... toneladas de estupidez humana
Hola, queridos y queridas. ¿Qué tal les va? Por aquí ya ven, viento en popa a toda vela, consumiendo las diferentes etapas de un mes de julio complejo desde muchos puntos de vista en diferentes escenarios. Hay guerras por doquier, escándalos de todo tipo mires a donde mires, verdaderas tragedias escritas con unos abultados guarismos siempre horribles de cientos y cientos de vidas humanas perdidas y hasta amenazas globales desde el punto de vista de enfermedades como la fiebre hemorrágica ébola, que traspasa fronteras en África... En fin, que desgraciadamente el mes está dando mucho de sí a nivel informativo. Desde luego, y visto el cariz de muchos de los acontecimientos narrados, ya habría estado bien que la cosa estuviese un poco más fría...
Y ahora, por si no fuese poco, surge un nuevo tema que a mí me deja un tanto congelado, pero por otros motivos, más ligados a la percepción que parece que algunas personas puedan tener de la causalidad —ya saben, la relación causa-efecto— o de la realidad misma que parece que les sea ajena. El problema es cuando tales personas son las que, en diferentes Estados y estamentos, han tomado decisiones que jamás se deberían haber plasmado en acciones concretas, que ahora nos comemos todos con patatas, mejor dicho esto que nunca, por las implicaciones en la cadena........
