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‘Desinfoxicado’

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wednesday

Ya está, ya hemos vuelto todos los que nos habíamos marchado de vacaciones y ya volvemos a la rutina, al trabajo y a sujetarnos a las viejas costumbres del día a día. Esa rutina que para algunos es tediosa y que para otros, sin embargo, representa el regreso al confort de lo conocido, a las costumbres que hacen de lo cotidiano un espacio de seguridad, un lugar placentero. Son personas que tienen la necesidad de que su vida tenga una estructura clara y se sienten cómodas si todo tiene orden y previsibilidad.

Durante esos días de vacaciones, ni uno solo, he visto ni he leído ninguna noticia de la guerra de Oriente Medio, ni de las subidas del barril de petróleo; ni he estado pendiente de los insultos que hayan proferido unos políticos contra otros. No he visto ni he querido saber nada. ¿Y saben qué? La felicidad ha ido en aumento a diario. Con qué claridad he detectado el perjuicio mental que causan las noticias que veo todos los días. Cuando he conseguido desconectar, ¡oh sorpresa!, he visto que nada pasa, o mejor dicho, que todo mejora, porque aquellos como yo, a quienes las malas noticias nos afectan el ánimo, debemos saber darnos un receso y procurar que nuestra vida mire en otra dirección, porque enseguida ves que ignorando lo que pasa cada día en el mundo tu vida mejora, porque todo continúa de la misma manera con la ventaja de que la ansiedad disminuye. Los primeros días me costó un poco, lo confieso; había momentos en los que me decía si no debería informarme de la nueva insensatez de Trump, de los temores infundidos por los informativos de cualquier cadena, pero poco a poco he sabido desprenderme del enganche y, de repente, he visto que, al menos por unos días, la vida ha seguido por derroteros mucho más amables y sin intoxicarme con tanta porquería.

Ahora, a la vuelta de esos días de descanso, caeré de nuevo en la llamada infoxicación, y la ansiedad y la saturación mental volverán a poseerme. A lo mejor debería resistir, pero no es fácil zafarse de esa necesidad de no querer perderse algo importante. Hay que darse cuenta de que lo importante no es lo que pasa sino lo que nos pasa.


© La Opinión A Coruña