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Milagros de San Donald

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Trump se presenta algo exageradamente como el Mesías, pero tampoco sería justo negar que hace milagros. Lo mismo convierte en progresista a la Iglesia Católica que en líder continental al primer ministro de España; por no hablar ya de la retractación del Reino Unido, donde ahora piensan en desandar el camino del Brexit.

Ha conseguido, además, que la China que un día fue de Mao parezca, por mera comparación, el país liberal y democrático que obviamente no es. Basta ver el sosiego, la contención y las buenas maneras de Xi Jinping y contraponerlas al enloquecido talante de su colega Trump para caer en la cuenta de que el mundo anda al revés. Y eso es sin duda un prodigio enteramente atribuible al presidente americano.

Suyo es también el milagro de haber convertido a la Iglesia Católica en una institución abiertamente liberal. Un portento que tiene mayor mérito aún por el hecho de que lo haya conseguido sin más que agraviar al papa León, el primer estadounidense en ocupar el cargo en dos mil años.

También es maravilla no pequeña la conversión de Pedro Sánchez en uno de los líderes de la resistencia de Occidente al despropósito en que ha convertido Trump a la otrora admirada Norteamérica. No es prodigio menor -el de Trump y, de rebote, el de Sánchez-, dado que España es una potencia media que apenas tenía relieve en el ámbito internacional. Ahora es, gracias a San Donald, un país al que imitan otros de mayor fuste económico y político.

Otra de sus magias ha sido, sin duda, la de cargarse al húngaro Víctor Orbán: un prorruso que ejercía de caballo de Troya de Putin dentro de la UE. Bastó que enviase a su vicepresidente J.D. Vance como telonero de la campaña de Orbán para que los magiares, horrorizados, votasen en tropel al candidato de la oposición.

No es un caso aislado. También la italiana Georgia Meloni se ha descolgado del pelotón trumpista para acercarse a las maneras democráticas del resto de Europa.

A este paso va a acabar con todos los colegas que le hacían la ola en este viejo continente. Los neonazis alemanes ya le han pedido, por favor, que no los quiera tanto; porque en efecto, hay amores que matan. Y hasta en España ha sembrado la confusión entre los dirigentes del partido de su amigo Santiago Abascal.

Por si todo lo anterior fuera poco, ahora le ha dado por decir que la economía española va de pena. La misma España que, según Trump, iba «muy bien» hace unos meses y, por tanto, debería pagar más a la OTAN.

Milagroso es, en fin, el don de hacer que suba o baje el petróleo y los precios en general cada vez que abre la boca. A fuerza de obrar portentos se ha ganado el título de San Donald en el santoral alternativo. El Nobel de la Paz tendrá que esperar, pero ese ya es a estas alturas un premio menor.

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