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Las guerras bajan impuestos

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23.03.2026

No contento con empezar por su cuenta la aventura de una guerra, el emperador Trump ha conseguido que el Gobierno de España baje los impuestos, medida que pasa por ser típica de las derechas. Con lo mal que le cae Sánchez, es raro que no se ufanase todavía de haberle forzado a hacer cosas que, por lógica, no son del gusto del presidente. Igual es que ni se ha enterado.

Tampoco hay que ponerse estupendos. Lo que el Consejo de ministros ha reducido son los gravámenes sobre la electricidad y el petróleo, que no para de escalar de precio en su traducción a las gasolineras. Del IRPF y de otras aplicaciones del IVA no hablamos.

Se trata de una excepción razonable, dado que la mitad del precio de un litro de gasolina corresponde a impuestos. Lo que se paga en el surtidor no es tanto el líquido como las tasas que Hacienda recauda para beneficio de todos.

El canon especial de hidrocarburos, ahora rebajado al mínimo, ascendía a unos 47 céntimos por litro; y a la cantidad resultante se le aplicaba, además, un 21 por ciento de IVA, que ha pasado a ser del 10%. El efecto de estas medidas va a reducir el precio del combustible y, en teoría, de los demás bienes cuyo coste depende del transporte. Salvo que la guerra se complique aún más y el precio creciente de la gasolina acabe por comerse las rebajas, claro está.

Bajar impuestos, como se dijo, es un propósito típico de la derecha; pero ya se sabe que las guerras no entienden de colores ideológicos. Sánchez ha tomado ahora esa decisión, del mismo modo que Winston Churchill se pasó por un rato a la izquierda en ocasión parecida.

Churchill, que había definido al socialismo como la distribución igualitaria de la miseria, no dudó en nombrar ministro de Trabajo a un líder sindical laborista durante la Segunda Guerra Mundial. Explicó el premier británico en sus memorias que los socialistas, a quienes tanto detestaba, eran sin embargo muy útiles para la planificación centralizada que exige un conflicto bélico.

Similares motivos han llevado ahora al socialdemócrata Sánchez a tomar una decisión que no está, ni de lejos, en el credo de su partido. Parece lógico. La historia nos enseña lo poco que importan las ideologías en tiempos turbulentos. Lo mismo le descubre las ventajas del socialismo al conservador Churchill que la conveniencia ocasional de las bajadas de impuestos al progresista Sánchez.

A ello hay que añadir el dato de que el mundo actual es un pañuelo (de lágrimas). Basta el aleteo de una mariposa en Australia para que en las antípodas se desate un tornado. No digamos ya la repercusión de un intercambio de misiles en el Oriente Próximo que, como su nombre indica, nos cae mucho más cerca.

No por casualidad el efecto mariposa es un concepto de la teoría del caos que tan bien sabe desatar el guerrero Trump.

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