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Damos positivo en ‘fariña’

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Para sorpresa de nadie, Galicia ha dado positivo en cocaína tras una pesquisa en las aguas negras de las depuradoras de cinco de sus ciudades. Los análisis de los pises y otros residuos orgánicos certifican que es la sustancia ilegal más consumida. La fariña, junto al canuto, parece formar parte de la dieta atlántica de algunos gallegos; que no todo va a ser cocido o marisco. El dato revelado esos días de ahí atrás por la Xunta y la Universidade de Santiago convalida, en apariencia, la (mala) fama que padece este viejo reino. A menudo se incautan en Galicia alijos de varias toneladas de farlopa, bajo la sospecha razonable de que otras tantas consiguen entrar al mercado.

No todo el producto, ni mucho menos, va destinado al consumidor galaico, claro está. De hecho, el gasto per cápita en Galicia es más o menos el mismo que el promedio de España; si bien ambos exceden la media europea.

Aun así, la idea de que Galicia es tierra de contrabandistas está firmemente asentada en el imaginario popular. Todo el mundo entiende los chistes sobre la coca galaica que los monologuistas suelen incluir en sus espectáculos. Y la tele de pago ha encontrado un filón en las series ambientadas en Drogalicia, que incluso ha aportado un préstamo lingüístico —fariña— al vocabulario español.

Otra cosa es el mercado de consumidores, que es el que en realidad mantiene al alza el negocio. Sin una copiosa demanda, resultaría del todo ilógico que existiese una oferta como la que ha llevado a rebajar a la mitad, en origen, el coste del kilo de farlopa durante los últimos años.

Tal vez suceda que la cocaína es una droga más bien invisible. Corre por ahí la creencia, acertada o no, de que la esnifan con fruición muchos altos ejecutivos y políticos afectados por el estrés que genera la toma de decisiones. No hay datos concretos, lógicamente; pero alguna pista se ha dado.

Mucho antes de que las autoridades gallegas indagasen en las aguas de las depuradoras, un grupo de reporteros tuvo el dudoso gusto de husmear en los váteres del Parlamento de Alemania y la Bolsa de Berlín, allá por el año 2000. En veintidós de los veintiocho baños investigados, los periodistas de una tele germana detectaron rastros de fariña.

Los más exagerados interpretaron entonces que la locomotora alemana de las finanzas y la política marchaba con un peculiar combustible. Se ignora, aunque se sospeche, lo que ocurriría si la misma prueba se hiciera en esas dependencias de cualquier otro país europeo. Por ejemplo, en la España que compite con el Reino Unido por el liderato de esta peculiar Liga de los euforizantes.

Lo que han hecho, en realidad, las autoridades de Galicia al escudriñar las aguas residuales del país es una indagación a mucho mayor escala que la de Berlín. Y el resultado, aquí o en no importa qué lugar de Europa, ni siquiera es ya noticia.

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