Roberto Hartasánchez, fundador del FAPAS: "No soy ecologista; me sienta muy mal que me lo llamen, pero la sociedad nos pone a todos en el mismo saco"
Roberto Hartasánchez, fundador del FAPAS: "No soy ecologista; me sienta muy mal que me lo llamen, pero la sociedad nos pone a todos en el mismo saco"
"La conservación de la naturaleza en Asturias está en manos de personas que son biológicamente analfabetas"
"Abro la ventana y tengo diez ciervos a veinte metros; salgo y puedo ver un oso o un lobo"
Roberto Hartasánchez, con la burra "Flor", en la sede de FAPAS en Tuñón (Santo Adriano). / Luisma Murias
Roberto Hartasánchez (Gijón, 1953) es el fundador y director honorífico del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS).
Lleva "toda la vida" en el monte y es una de las personas que más conocimiento tiene sobre la naturaleza en Asturias.
"Nací en una familia normal. Mi padre era médico, el médico de los pescadores del barrio de Cimadevilla y también de la fábrica de tabaco de Gijón. Muchas veces los pacientes no podían pagar la consulta y en casa siempre había pescado, porque era la forma de compensar. Recuerdo los platos de angulas que llegaban a casa y que, curiosamente, a nadie le gustaban. Éramos tres hermanos, uno mayor y otro más pequeño. Mi madre era ama de casa".
"Me crie en el Muelle. Fui al Corazón de María, con los curas, haciendo de monaguillo cada vez que tocaba y aguantando hostias por arriba y por abajo. De pequeño, como todos los niños, quería ser bombero o algo parecido. No lo recuerdo bien. La verdad es que no tuve un interés claro por ser algo hasta que llegué a la pubertad. Lo que sí recuerdo es que siempre me tiró muchísimo la atracción por los pájaros y por la naturaleza. Eso tiene mucho que ver con el parque Isabel la Católica, con poder ver los patos y darles de comer, algo que hoy está prohibidísimo. Ese parque ha formado a mucha gente vinculada a la naturaleza en Gijón, porque inculcó sentimientos muy profundos en niños que crecimos cerca de ese entorno".
Félix Rodríguez de la Fuente
"Pasé del Corazón de María al Jovellanos y terminé el bachiller. En ese momento surge la opción de ir a estudiar a la Universidad, pero yo ya tenía una vinculación muy fuerte con la naturaleza y con su conservación. Me influyó muchísimo Félix Rodríguez de la Fuente. Estando en el instituto empezamos, yo y otros compañeros, a dar charlas sobre conservación de la naturaleza. En aquella época pude conocer a un personaje de Asturias que ponía el oído en el suelo y sabía cuántos buitres había volando: Ernesto Junco. Me permitió compartir con él muchísimas horas, descubrir el mundo de la biodiversidad y entender el monte de otra manera".
Comunistas en Pumarín
"Cuando estábamos en el instituto empezamos ya a hacer actividades de divulgación de la conservación de la naturaleza, sería el año 68 o 69. Dábamos charlas en la asociación de Pumarín, también estaba mi compañero Benigno Varillas. Nos llamaban para ir a hablar ante gente mayor. Aquello era raro, porque éramos muy jóvenes y hablábamos de naturaleza a personas mayores. Un día me fijé en que había un señor en una esquina que escuchaba absolutamente todo lo que decíamos. Pregunté quién era y me dijeron que era un policía social, que tenía la obligación de estar allí escuchando. Con el tiempo supe que, mientras nosotros entreteníamos a los abuelos hablando de buitres y conservación, en la trastienda había reuniones clandestinas del Partido Comunista en España. Se estaba gestando el embrión de su reconocimiento legal. Nosotros éramos los teloneros, los que entreteníamos al personal".
Hartasánchez, en 1990, enseñando al entonces Príncipe Felipe los trabajos que hacía el FAPAS en las montañas próximas a San Esteban de Cuñaba, primer "Pueblo ejemplar". / R. H.
"Nunca tuve inquietudes políticas. Nadie me llamó para formar parte de nada y tampoco lo busqué. Debo de ser un bicho raro, pero nunca tuvimos interés en eso. Lo único que nos movía era la naturaleza".
Casi en la Universidad
"Me planteé estudiar Biología. Fuimos a preguntar qué se estudiaba en Biología y nos hablaron de física, química y formación del espíritu nacional. Nosotros preguntábamos por buitres, osos y lobos. La señora que nos atendió nos dijo: ‘Aquí tienen los papeles, si quieren los cubren y si no, se van’. Estaban casi asustados de que unos chiflados preguntaran dónde se estudiaban esas cosas. Mi compañero Benigno hizo Medicina. Yo me fui con Ernesto Junco al monte, a los Picos de Europa. Fui a finales de los años sesenta y desde entonces ahí sigo. La primera vez que vi un oso fue en el valle del Pigüeña, en Somiedo. Íbamos en coche y alumbrábamos con los focos. Solo se veían dos ojos brillando, como si alguien moviese dos linternas paralelas en la oscuridad. Aquello fue en el 85 y no se me ha olvidado jamás".
El nacimiento del FAPAS (Fondo para la protección de los animales salvajes).
"El FAPAS surge como una actividad vinculada a la conservación que hacíamos un grupo de amigos que veníamos del instituto. Nunca pensamos que fuese a ser una organización seria, ni siquiera nos planteamos que fuese una organización como tal. Era simplemente trabajar por la naturaleza. En el año 82 se crea la revista Quercus y también surge la revista Natura. Publicamos en ambas un artículo contando que dábamos de comer a los buitres, pero que no teníamos cómo llevar animales muertos a los comederos. Propusimos que quien quisiera colaborar mandara 100 pesetas. El remolque que necesitábamos costaba 13.000 pesetas. En mes y medio contestaron 20.000 personas. Nos dimos cuenta de que lo que era solo una idea —recoger animales muertos para ayudar a los buitres— se convertía en una actividad con un apoyo enorme. En el 83 fundamos FAPAS".
"Por aquel entonces, los ochenta, yo ya vivía en Llanes, que es mi segunda patria, aunque ahora vivo en Teverga. En Llanes escribía en la publicación El Oriente de Asturias, con Lolo Malla, que era el director. Le pedí que me diera unas hojas para dar las gracias a toda aquella gente. Allí surgió la comunicación con miles de personas que nos habían apoyado. Entonces decidimos hacer una asociación, porque teníamos mucha gente detrás y ya habíamos trabajado en alguna otra entidad. La conservación de la naturaleza no es un juego, tiene intereses muy fuertes. Cuando se crea el FAPAS se hace teniendo en cuenta esos aspectos. Nace de un grupo de amigos, pero muy blindado para que nunca pierda su objetivo, que es trabajar por la naturaleza".
"Tenemos 7.000 socios que pagan una cuota anual, desde 25 euros como mínimo, aunque la cuota media está en 60. Trabajamos profesionalmente seis personas, con base en Tuñón. Como no hicimos Biología, nuestro objetivo fue vincularnos profesionalmente a la conservación y no tener más meta que este trabajo ambiental, desligándonos de cualquier otro tipo de vinculación".
El ecologismo, un obstáculo
"Nuestra independencia nos ha llevado a tener una confrontación muy potente, sobre todo con el movimiento ecologista, con el que no tenemos ni relación ni vinculación. El movimiento ecologista procede de una actividad muy potente de grupos muy sensibilizados con la conservación, pero poco a poco, a lo largo de los años, muchos han desaparecido. La sociedad nos mete a todos en el mismo saco, pero no somos lo mismo. El movimiento ecologista ha tenido un criterio político, vinculado a la izquierda y también al nacionalismo. Es una estrategia con la que se intenta llegar al poder, como ocurre con los partidos verdes. PACMA es otra línea, animalista. Hay un intento muy potente dentro del ecologismo de hacerse con el control de ese movimiento, porque tiene mucha influencia. Quien insulta al ecologismo lo hace por ignorancia. El ecologismo, como tendencia social, puede tener organizaciones muy serias y también grupos que son un auténtico lío de grillos. Pero nosotros no somos eso".
"Estoy orgulloso del FAPAS y me sienta muy mal que me llamen ecologista. No considero que lo sea. Las críticas más feroces a lo que hacemos, por ejemplo tras colaborar con el Ayuntamiento de Oviedo, vienen precisamente del movimiento ecologista. Eso demuestra que son cosas distintas".
El primer plan del oso
"Cuando nace el FAPAS, en Asturias no había estructura organizativa ambiental; todo venía cocinado desde Madrid y en la autonomía no se podía hacer nada. Planteamos al primer Gobierno de Asturias, de Pedro de Silva poner en marcha un programa serio de conservación del oso pardo. En ese momento el oso estaba al borde de la extinción, en una situación absolutamente crítica. Planteamos al Principado un proyecto de trabajo de campo: cuando había un daño atribuido al oso pardo, el FAPAS acudía en representación de la administración, siempre con un guarda del Principado. Funcionó muy bien durante casi cinco años. El FAPAS pagaba incluso el 20% de las indemnizaciones de su bolsillo, pero cuando eran reales, no cuando interesaba políticamente".Primeros enfrentamientos. "Aquello nos llevó a un enfrentamiento con el consejero de turno que se ocupaba del Medio Rural. Recuerdo perfectamente que me dijo un día en su despacho: ‘Roberto, en esta Consejería se hace lo que a mí me sale de los cojones’. Ahí entendí que teníamos que salir de la administración".
"Curiosamente, mientras gobernó el PSOE en Asturias, que ha sido casi siempre, las relaciones fueron muy tirantes. Con el PP de Marqués tuvimos más interlocución. Es algo que he comentado con otras organizaciones y les ha pasado lo mismo. La izquierda vende mucho más la idea de que protege la naturaleza, pero no es cierto; lo que realmente quiere es el control de la naturaleza, no protegerla".
El gijonés, a la izquierda, durante el programa "El buitre viajero", que se emitía en Radio 5, junto al periodista Enrique Monje. / R. H.
Los osos y su salvación
"Muchos preguntan por qué se salvaron los osos. La conservación del oso en la Cordillera se apoya en una clave fundamental: en el Pirineo desaparecieron y aquí, en la Cordillera, no. Salvar al oso pardo lo hizo el Seprona, no la administración. Tuvimos la enorme suerte de que se crease ese cuerpo en el 89. Anulado el furtivismo, el oso tenía mucho futuro. El furtivismo es lo que más nos preocupa y ahora, aunque muchos no lo quieran ver, ha vuelto con enorme intensidad, especialmente en parques protegidos, por el abandono absoluto de la administración".
Criticas ante la situación actual
"Mi opinión sincera es que la conservación en Asturias está en manos de personas que pueden ser sabias en otras cosas, pero son biológicamente analfabetas. Es como si el máximo responsable de Cultura fuese alguien que no sabe leer ni escribir. De ahí vienen muchos problemas, también en la gestión del lobo".
Accidente, relevo y vida en el monte
"En el FAPAS no ha habido grandes altibajos que hayan cambiado nuestra línea. Cuarenta años son muchos años, ha participado mucha gente y han pasado muchas circunstancias. El caso más negro de nuestra historia, y de la mía en particular, fue un accidente muy grave en 2011, en Teverga, en el que falleció un trabajador al caer por un barranco. Hay una situación de responsabilidad y la asumió el jefe. Asumí la condena –un año y medio de cárcel, aunque no entré en prisión– y la multa. Fue una experiencia durísima".
"Estoy más vinculado a esto, al FAPAS, que a la familia. Ya estoy jubilado, pero sigo en el día a día porque me gusta; es mi afición, mi vida. Ya no estoy en la junta directiva del FAPAS porque tiene que entrar gente nueva. Para que entre gente joven, uno tiene que quitarse del medio. Mi papel ahora es el de monitor de gente nueva".
"Estoy casado, tengo hijos, pero mi familia es la naturaleza. Vivo en el monte, en una de las zonas más solitarias de Asturias, en Teverga. Abro la ventana y tengo diez ciervos a veinte metros de casa. Salgo y puedo ver un oso o un lobo".
"La soledad es relativa. Si te gusta el monte, nunca estás solo. Durante una gran tormenta, cuando no había ni teléfono, yo era el único que tenía luz, teléfono e internet, porque todo lo tengo por satélite y con placas solares. La tecnología permite vivir aislado, pero conectado permanentemente con todo el planeta. Viví en Gijón y en Llanes, pero la ciudad me saca sarpullidos. Me siento absolutamente incómodo buscando aparcamiento. Me encuentro desubicado".
Hartasánchez, a la izquierda, en 1990, en una salida de control de furtivismo junto con un agente del Seprona. / R. H.
La organización y su futuro
"El FAPAS es una organización consolidada, con autonomía total. Este es el primer año que recibirá financiación pública para un proyecto de protección de colmenares. Pero seguimos siendo profesionales que trabajan para conseguir objetivos muy concretos. Y eso es lo que he hecho siempre: trabajar por la naturaleza. El futuro del FAPAS está ligado a la participación de la sociedad civil en materia de conservación. En otros países de Europa, la sociedad civil se organiza y crea organizaciones muy potentes, con 200.000 socios en algunos casos y con un poder económico muy grande, con gente profesional detrás, funcionando casi como una administración, pero dentro de la propia sociedad civil. Eso todavía no ha cuajado en España y, por supuesto, tampoco en Asturias"
"Nuestra democracia, que es muy joven, no admite realmente la participación civil en materia de conservación de la naturaleza. Toda, absolutamente toda la gestión la hace única y exclusivamente el gobierno regional de cada territorio. La sociedad civil no puede participar, salvo a través de fundaciones vinculadas a la propia administración. El FAPAS es una organización profesionalizada que depende única y exclusivamente de la sociedad civil y actúa al amparo de las leyes y de las normas. Pero el gobierno regional no permite a la sociedad civil tener un papel real en la gestión. Es como si no se dejara publicar periódicos; es algo parecido. No se permite participar activamente en la conservación".
La sociedad civil y la conservación
"Esperamos que en el futuro haya gobiernos que entiendan que esto va más allá. Gobiernos como el que tenemos ahora, el de Barbón, que es totalitario en este ámbito, no facilitan esa apertura. Ojalá haya otros que comprendan que la sociedad civil tiene que formar parte activa de la conservación".
"Tiene que haber un FAPAS sin Roberto Hartasánchez, y por eso trabajamos así. Yo ahora soy fundador y director honorífico. La directora es Doriana Pando, una bióloga con mucha experiencia que lleva 20 años en la organización. El FAPAS podría crecer como otras organizaciones europeas, con 30 o 40 trabajadores, de los cuales 25 podrían ser biólogos o abogados. Somos una estructura de la sociedad civil con un soporte profesional sólido y preparado para el futuro".
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"Nosotros triunfamos, pero el ecologismo no, porque no incorpora conocimiento técnico en su día a día. Las organizaciones ecologistas tienen a uno un día y al siguiente, a otro completamente distinto. En el FAPAS, toda la experiencia acumulada durante 40 años se va transfiriendo. No retrocedemos; avanzamos de manera sólida y eficaz conforme avanza la sociedad. Si hace 30 años cometimos un error trabajando en la conservación del oso, ya lo sabemos y no se repetirá. Así funcionan las organizaciones profesionales".
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