La maleza y la desidia devoran los chalés de Perlora, en Carreño: "Me duele ver la decadencia, ruina y abandono"
La maleza y la desidia devoran los chalés de Perlora, en Carreño: "Me duele ver la decadencia, ruina y abandono"
Julio Antuña Román, quien fuera presidente del comité de empresa del equipamiento, lamenta el deterioro de las instalaciones desde su cierre en 2006 y clama por una gestión pública que mantenga el perfil de turismo social
Julio Antuña Román, delante de un chalé de la Ciudad de Vacaciones de Perlora. / Ángel González
«Se me encoge el alma». Con una sensación de nostalgia, rabia y frustración recorre la Ciudad de Vacaciones de Perlora, en Carreño, el que fuera presidente del comité de empresa del equipamiento de turismo social hasta su cierre en 2006, Julio Antuña Román. Cada paso es un recuerdo al pasado, cuando en los meses de verano había 700 personas por quincena disfrutando del entorno, pero también le recorre el cuerpo una indignación, la de ver el deterioro y abandono del recinto, que sigue con un mantenimiento mínimo obligado por la cantidad de personas que acuden a pasear, a hacer deporte o pasar el día en las playas de la zona.
«Me duele ver la decadencia, ruina y abandono de una instalación que 20 años atrás se mantenía con esmero, con medios escasos, pero con la plena satisfacción de los usuarios, que nos ponían siempre un 10», recuerda Antuña, quien fuera representante sindical de los 97 trabajadores con los que se cerró la Ciudad de Vacaciones.
El equipamiento nació en 1954 de la mano de la Obra Sindical de Educación y Descanso del franquismo al albor del concepto de turismo social. La idea era ofrecer vacaciones a los trabajadores de las empresas públicas bajo un marcado carácter ideológico. Se construyeron chalés y edificios colectivos junto al mar, donde los usuarios tenían a su alcance equipamientos deportivos y culturales, así como el acceso a las playas en un tiempo en el que el turismo de costero comenzaba su apogeo. La Ciudad de Vacaciones de Perlora alcanzó su época de mayor esplendor en las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo XX, pero con la llegada de la democracia comenzó su declive.
La titularidad del recinto pasó a manos del Principado de Asturias y continuó funcionando hasta su cierre definitivo en 2006, cuando se inició la privatización del espacio mediante una concesión por 50 años a una unión temporal de empresas (UTE). Un proyecto que, finalmente, nunca se llegó a desarrollar al vencer los plazos previstos en la licitación.
Según recuerda Antuña, el conglomerado empresarial «trató de que el Ayuntamiento de Carreño adaptase el Plan General a su proyecto, lo que marcó parte del fracaso, junto a la falta de solvencia económica y técnica».
Estado de uno de los chalés de la Ciudad de Vacaciones de Perlora. / Ángel González
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