El último barquillero vuelve a Oviedo: "Los clientes prueban uno y ese sabor les lleva otra vez a cuando eran niños"
El último barquillero vuelve a Oviedo: "Los clientes prueban uno y ese sabor les lleva otra vez a cuando eran niños"
Guillermo Manuel Pelayo, cuarta generación de una familia dedicada al oficio, sigue elaborando a mano unos 500 barquillos cada jornada antes de cargar con un bombo de 46 kilos: "Esto lo mamé desde pequeño y es mi vida"
El último barquillero vuelve a Oviedo: «Los clientes prueban uno y ese sabor les lleva otra vez a cuando eran niños»
VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Juan Plaza
Hay sabores capaces de hacer retroceder varias décadas en apenas un segundo. Guillermo Manuel Pelayo lo comprueba cada vez que alguien se acerca a su bombo, compra un barquillo y da el primer mordisco. "Lo comen y ese sabor hace que el cerebro recuerde", cuenta desde el Campo San Francisco. A algunos les devuelve a las fiestas de cuando eran niños; a otros, a aquellos días en los que sus padres les compraban uno. Y mientras casi todo a su alrededor ha cambiado, él sigue ahí, haciendo prácticamente lo mismo que aprendió de su padre y que su padre había aprendido antes: barquillos artesanos hechos con sus manos.
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Pelayo tiene 65 años, cumplidos en febrero, y representa ya la cuarta generación de barquilleros de su familia. Sus primeros recuerdos están inevitablemente ligados al oficio. Era apenas un bebé cuando ya veía trabajar a sus padres y después comenzó a acompañarlos. Vende dsde pequeño en la playa de Salinas cargando al hombro el bombo de........
